Gisela Espinosa Damián l Martha Patricia Catañeda Salgado
caída de los rendimientos, pérdida de terrenos de cultivo y de biodiversidad;
deforestación de bosques y disminución del agua para uso doméstico y riego
agrícola (Ávila, et al., 2011:14-33). Es en sus espacios cotidianos: el hogar, el
solar, la parcela y la comunidad, donde resisten trabajando y experimentando
estrategias individuales, familiares y asociativas para garantizar la alimentación
diaria.
La cocina, la mesa y el consumo
Las mujeres tratamos de conservar las costumbres y las
dietas saludables pero encontramos una presión muy fuerte
para ser consumistas, en la tele, en la escuela les venden
chatarra a los niños (Valles centrales, Oaxaca).
Si bien la cocina y la mesa son los espacios más sensibles a los altibajos en
la disposición, cantidad, precio y calidad de los alimentos, ahí, el margen de
decisión y de acción de las mujeres e s casi nulo y se reduce cuando algún
desastre desarticula la vida cotidiana. En un país donde la gestión del riesgo26 casi
no se promueve, las emergencias colocan en una situación de vulnerabilidad
a familias enteras, pero a las mujeres les toca resolver el problema alimentario
a como dé lugar y de modo inmediato. Es la experiencia acumulada más que
la política pública, lo que va creando la posibilidad de respuestas sociales más
organizadas.
Si los problemas asociados al cambio climático se conjugan con los otros
factores de inseguridad alimentaria, entonces, las estrategias femeninas en la mesa
y la cocina se reducen a echarle más agua al caldo, hacer dos en lugar de tres
comidas, comprar alimentos “llenadores” y ricos en carbohidratos reduciendo el
consumo de cárnicos, lácteos y verduras; achicar las porciones; pedir prestado…
Para las mujeres adultas lo común es comer al final, servirse lo que quede. En
ese microespacio hay poco margen de acción y las respuestas implican un alto
costo en la salud física y emocional de las mujeres. Aquí, la preocupación por
el bienestar del otro se convierte en factor de mayor desigualdad y opera como
un subsidio de género a la injusta distribución del ingreso y las deficiencias
de la política pública, pues el derecho a la alimentación no se cumple pero las
mujeres multiplican el pan sacrificándose a sí mismas.
La gestión del riesgo de desastres comprende el conjunto de decisiones administrativas, de organización y conocimiento operacionales desarrollados por sociedades y comunidades para
implementar políticas y estrategias, y para fortalecer sus capacidades, con el fin de reducir
el impacto de amenazas naturales y de desastres ambientales y tecnológicos (http://bvpad.
indeci.gob.pe/doc/pdf/esp/doc1369/doc1369.pdf, 6 de noviembre de 2012).
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