Crisis Civilizatoria | Seite 41

Género, seguridad alimentaria y cambio climático afirman que el retiro de subsidios a la producción de maíz tendrá efectos negativos tanto o más que el cambio climático sobre la vida de las personas (Conde et al., s/f). Y tienen razón, pues en México el tema alimentario ha sido un asunto crítico, empeorado por medidas dictadas desde organismos multilaterales, cumplidas hasta con anticipación por los gobernantes mexicanos; políticas que desde hace treinta años han devastado a la población campesina, otrora abastecedora de alimentos para el mercado interno. Organizaciones de pequeñas y pequeños productores argumentan las bondades ecológicas y sociales de la vía campesina, pugnan por la soberanía alimentaria; en cambio, grandes corporaciones y empresas agroindustriales con alta concentración de capital, con apoyo de organismos multilaterales y gobiernos locales, dominan la producción y los mercados alimentarios del mundo y promueven el libre mercado.24 La confrontación tiene matices: a raíz de la crisis alimentaria de 2007, el Banco Mundial (BM) replanteó su postura: luego de ser un acérrimo promotor de la apertura comercial, del agronegocio y de minimizar el papel del Estado, hoy propone mayor intervención estatal y recursos para pequeños productores rurales con el fin de reducir la pobreza y el hambre (Banco Mundial, 2008:197-210, citado por Armando Bartra, 2011). El neocampesinismo del BM es epidérmico, pues integra a los pequeños agricultores al proyecto hegemónico conservando el espíritu neoliberal, las cadenas productivas controladas por grandes agroindustrias y el uso de una ciencia y tecnología con repercusiones negativas en el ambiente y la vida social; todo ello acentúa la crisis civilizatoria que hoy aqueja al planeta, una de cuyas facetas es la crisis alimentaria. En México, cualquier giro en la política económica está condicionado por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cuyas normas son muy desventajosas para el amplio sector de pequeños productores e incluso para una parte de antiguos empresarios rurales. El “libre comercio” y la supresión de subsidios a los productores que, en el marco del TLCAN exige Estados Unidos a México, anula el argumento de multifuncionalidad del campo (Fristcher, 2000) e implica una competencia desigual y desleal, pues a las grandes ventajas de los productores estadounidenses en recursos En el ámbito nacional, El Campo no Aguanta Más y la Campaña Sin Maíz no Hay País, han sido expresiones relevantes de la posición campesina; en el plano mundial es Vía Campesina. Por otro lado, la Organización Mundial del Comercio (OMC) sostiene la propuesta más radical para liberalizar los mercados alimentarios y enfrentar el hambre fortaleciendo al agronegocio. Hay matices, por ejemplo Oliver de Schutter, Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, coincide con la OMC en que no se busca soberanía alimentaria, pero afirma que el libre mercado reduce la capacidad de los gobiernos de garantizar este derecho a los sectores sociales menos favorecidos y que hay que reducir la dependencia alimentaria incluyendo a las y los pequeños productores como proveedores de alimentos, o sea, propone una política más incluyente (Espinosa y Valdés, 2013). 24 39