Género, seguridad alimentaria y cambio climático
determinadas actitudes y comportamientos más cercanos a las circunstancias
concretas de los sujetos…” (Op. cit.:175).
En su correspondiente nivel de análisis, las prácticas de cuidado al interior
de la UDC pueden ser interpretadas, entonces, como un núcleo articulador
de acciones económicas y reproductivas realizadas por las mujeres desde la
cotidianidad para enfrentar los efectos de la crisis alimentaria y del cambio
climático, aportando evidencias de que la sustentabilidad se puede lograr a
través de mecanismos no depredadores, pero sin dejar de lado que se requiere, al
mismo tiempo, reconocer y modificar tanto las condiciones como las relaciones
de género que reproducen a su interior la desigualdad entre los géneros y las
generaciones.
Promesas y derechos en un contexto crítico
Antes, traíamos hongos, zarzamoras y berenjenas silvestres
del bosque, con la tala “clandestina” casi ya no hay. El
tiempo es más caliente, entran plagas y aumenta el costo
de los cultivos (Cherán, Michoacán). Antes crecían bien
nuestros pollos, ahora, por tanta lluvia se enferman y
tenemos que comprar (Zinacantán, Chiapas). Ahora hay
menos pescado debido a la contaminación de los ríos,
esteros y lagunas (Cárdenas, Tabasco).
Dadas las premisas contextuales y teóricas planteadas en los dos apartados
anteriores, volvemos al tema alimentario. Actualmente, a los dramáticos
números de hambre por escasez de alimentos (19.5 millones de personas),19
se añade la obesidad y el sobrepeso (70% de los mexicanos padece alguna
de estas enfermedades)20 por mala calidad o consumo desproporcionado de
algunos nutrientes.
Si hace décadas la garantía de seguridad alimentaria parecía restringirse a la
cantidad de alimentos, la emergencia de otros problemas obligó a ir ampliando
el concepto, de modo que hoy, la seguridad alimentaria significa que “todas las
personas del planeta tengan en todo momento acceso físico y económico a
alimentos inocuos, nutritivos y suficientes para satisfacer sus necesidades y sus
preferencias alimenticias a fin de llevar una vida activa y sana.” (FAO, 2006:1).
Cuentan como pobres alimentarios quienes no tienen suficientes recursos para adquirir una
canasta básica de alimentos, incluso si los destinaran exclusivamente a este fin http://www.
coneval.gob.mx/cmsconeval/rw/pages/medicion/cifras/pobrezaporingresos.es.do.
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Se estima que la preobesidad y la obesidad afectan al 71.9% de las mexicanas y al 66.7% de
los mexicanos y que sólo el 26.7% de las mujeres y el 31.7% de los hombres de nuestro país
tienen un peso adecuado. http://estepais.com/site/wp-content/uploads/2011/03/IndicadorObesidadM%C3%A9xico_marzo2011.pdf
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