Gisela Espinosa Damián l Martha Patricia Catañeda Salgado
familias de pequeños productores (80% del total) (Suárez, 2012). La pérdida
de soberanía alimentaria,8 la apertura comercial en situación desventajosa para
el campesinado, la concentración del crédito rural y de los subsidios en el
pequeño sector de empresarios agrícolas del país (no más del 15% o 20%), la
sustitución de políticas de fomento productivo por políticas asistenciales para
las familias campesinas, trajo consigo, por un lado, el enriquecimiento de un
puñado de empresarios rurales; por otro, la ruina de la agricultura campesina
que durante casi medio siglo fue proveedora principal de granos básicos para
consumo nacional; y finalmente, el desaliento juvenil con respecto al campo
y el éxodo de varones en edad productiva. Es en este campo devastado,
despoblado, envejecido y feminizado, donde se están sintiendo los efectos,
también devastadores, del cambio climático.
Millones de mujeres y varones tienen que salvar la vida y adaptarse a
cambios climáticos inesperados, sin embargo, pensamos que las medidas de
adaptación9 son insuficientes para revertir sus causas profundas, asociadas a estilos
de vida y desarrollo, a formas de concebir y relacionarse con la naturaleza y a
una lógica instrumental que explota al máximo la fuerza humana de trabajo
y los recursos naturales sin preocuparse por la vida social y la biodiversidad.
De manera que, no basta con la adaptación al cambio climático, lo que
se requiere es modificar de raíz aquello que lo produce. Las medidas de
mitigación10 tendientes a reducir los gases de efecto invernadero que generan
tales cambios, parecieran ir en esa dirección. Asimismo, tampoco tocan el
fondo del problema ni logran comprometer a los principales productores de
estos gases para cambiar sus modelos productivos y de desarrollo. Por ello,
aunque en todas las escalas es posible actuar, sería injusto depositar en el nivel
El término de “soberanía alimentaria” se ha venido elaborando por parte de organizaciones
sociales y ecologistas que critican la acepción de “seguridad alimentaria” propuesta por
la FAO, misma que se cita más adelante. Así, desde la perspectiva de los actores sociales,
“La soberanía alimentaria es la capacidad de autoabastecimiento y el acercamiento físico y
económico a alimentos inocuos y nutritivos que tienen la unidad familiar, la localidad y
un país mediante procesos productivos autónomos, sociales y ambientalmente sostenibles”
(Silvia Papuccio de Vidal, 2011:34). La soberanía alimentaria reivindica la facultad de
cada pueblo y Estado para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a
objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria (Vía campesina, 1996), enfatizando
la importancia del quién, el cómo y el qué se produce, en lugar de aceptar como únicas o
irrestrictas las leyes del libre mercado.
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Las medidas de adaptación incluyen actividades realizadas por individuos para evitar, resistir
o aprovechar la variabilidad, los cambios y los efectos del clima actuales y previstos. La
adaptación disminuye la vulnerabilidad de un sistema o aumenta su capacidad de recuperación
ante las repercusiones del cambio climático (ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/010/i0142s/
i0142s00.pdf, consultada el 29 de septiembre de 2012).
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Las medidas de mitigación se orientan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero
por fuente y/o incrementar la eliminación de carbono mediante sumideros (ftp://ftp.fao.
org/docrep/fao/010/i0142s/i0142s00.pdf, consultada el 29 de septiembre de 2012).
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