Crisis Civilizatoria | Page 33

Género, seguridad alimentaria y cambio climático Con un margen de decisión limitado por políticas globales y poderes hegemónicos que operan en la producción y los mercados; las mujeres –en especial la mitad de la población, que en nuestro país se ubica bajo la línea de pobreza7– asumen con más trabajo, desgaste, estrés y privaciones personales, el costo de la inseguridad alimentaria y del cambio climático. La situación cobra mayor dramatismo en el momento del consumo final, donde se agudizan las desigualdades de género, sea porque en la escasez las mujeres tienen que alimentar a la familia, o porque comen al final, “lo que se pueda”, a costa de su salud y bienestar. Los resultados de este estudio demuestran que las mujeres, en particular las jefas de familia, podrían encontrarse en situaciones de privación que las afectan con mayor intensidad no sólo a ellas sino a sus familias, dado el papel preponderante de la mujer en la selección, adquisición y preparación de los alimentos.” También señala que los hogares con mayor inseguridad alimentaria son los que tienen jefatura femenina, situación que tiende a “ser severa cuando las jefas, además, se encuentran en pobreza” (CONEVAL, 2014). Incluir una visión de género en el análisis del ciclo producción-distribucióncambio y consumo alimentarios, ensancha el marco del análisis al visibilizar los espacios, las tareas y las perspectivas que ellas despliegan en torno a la alimentación. Al hacerlo, salta a la vista que la ética femenina del cuidado, desarrollada precisamente por el papel familiar y social de las mujeres en torno al bienestar de las personas –y con frecuencia de la naturaleza–, se coloca en el extremo opuesto a la lógica del capital. Desde ese otro lugar femenino surgen prácticas y alternativas radicalmente opuestas a la racionalidad instrumental y a las estrategias del agronegocio del sistema agroalimentario global. La perspectiva de género tiene que articularse a otras dimensiones del problema alimentario, pues las inequidades de género se cruzan con otros factores de la desigualdad y del desastre alimentario: los efectos negativos del ajuste neoliberal son devastadores en el campo, especialmente para las En 2010, el CONEVAL estimó en 52 millones la población en situación de pobreza (46.2%) (Medición de la pobreza, http://www.coneval.gob.mx/cmsconeval/rw/pages/medicion/pobreza_2010.es.do. 1 de octubre de 2012), cifra que se elevó en 2012 a 53.3 millones de personas (45.5%) (Medición de la pobreza, http://www.coneval.gob.mx/medicion/Paginas/Medición/Pobreza%202012/Pobreza-2012.aspx. 8 de junio de 2014). Al analizar la relación género-pobreza, la misma fuente señala que existe una tendencia a que los valores asociados con los indicadores elegidos para su medición (hogares, educación, salud, alimentación, trabajo remunerado, ingreso, seguridad social, vivienda y trabajo doméstico no remunerado) muestren situaciones que desfavorecen más a las mujeres que a los hombres, en especial en lo que respecta a la alimentación en los hogares con jefatura femenina (Pobreza y género en México: Hacia un sistema de indicadores información 2008-2012, http://web.coneval.gob.mx/Informes/Pobreza/Pobreza%20y%20genero/ Sintesis_ejecutiva_Pobreza_genero_2008_2012.pdf. 8 de junio de 2014). 7 31