Género, seguridad alimentaria y cambio climático
Con un margen de decisión limitado por políticas globales y poderes
hegemónicos que operan en la producción y los mercados; las mujeres –en
especial la mitad de la población, que en nuestro país se ubica bajo la línea de
pobreza7– asumen con más trabajo, desgaste, estrés y privaciones personales,
el costo de la inseguridad alimentaria y del cambio climático. La situación
cobra mayor dramatismo en el momento del consumo final, donde se agudizan
las desigualdades de género, sea porque en la escasez las mujeres tienen que
alimentar a la familia, o porque comen al final, “lo que se pueda”, a costa de
su salud y bienestar.
Los resultados de este estudio demuestran que las mujeres, en particular las jefas
de familia, podrían encontrarse en situaciones de privación que las afectan con
mayor intensidad no sólo a ellas sino a sus familias, dado el papel preponderante
de la mujer en la selección, adquisición y preparación de los alimentos.” También
señala que los hogares con mayor inseguridad alimentaria son los que tienen
jefatura femenina, situación que tiende a “ser severa cuando las jefas, además, se
encuentran en pobreza” (CONEVAL, 2014).
Incluir una visión de género en el análisis del ciclo producción-distribucióncambio y consumo alimentarios, ensancha el marco del análisis al visibilizar
los espacios, las tareas y las perspectivas que ellas despliegan en torno a la
alimentación. Al hacerlo, salta a la vista que la ética femenina del cuidado,
desarrollada precisamente por el papel familiar y social de las mujeres en torno
al bienestar de las personas –y con frecuencia de la naturaleza–, se coloca en el
extremo opuesto a la lógica del capital. Desde ese otro lugar femenino surgen
prácticas y alternativas radicalmente opuestas a la racionalidad instrumental
y a las estrategias del agronegocio del sistema agroalimentario global.
La perspectiva de género tiene que articularse a otras dimensiones del
problema alimentario, pues las inequidades de género se cruzan con otros
factores de la desigualdad y del desastre alimentario: los efectos negativos
del ajuste neoliberal son devastadores en el campo, especialmente para las
En 2010, el CONEVAL estimó en 52 millones la población en situación de pobreza (46.2%)
(Medición de la pobreza, http://www.coneval.gob.mx/cmsconeval/rw/pages/medicion/pobreza_2010.es.do. 1 de octubre de 2012), cifra que se elevó en 2012 a 53.3 millones de personas
(45.5%) (Medición de la pobreza, http://www.coneval.gob.mx/medicion/Paginas/Medición/Pobreza%202012/Pobreza-2012.aspx. 8 de junio de 2014). Al analizar la relación género-pobreza,
la misma fuente señala que existe una tendencia a que los valores asociados con los indicadores
elegidos para su medición (hogares, educación, salud, alimentación, trabajo remunerado, ingreso,
seguridad social, vivienda y trabajo doméstico no remunerado) muestren situaciones que desfavorecen más a las mujeres que a los hombres, en especial en lo que respecta a la alimentación
en los hogares con jefatura femenina (Pobreza y género en México: Hacia un sistema de indicadores información 2008-2012, http://web.coneval.gob.mx/Informes/Pobreza/Pobreza%20y%20genero/
Sintesis_ejecutiva_Pobreza_genero_2008_2012.pdf. 8 de junio de 2014).
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