Crisis Civilizatoria | Page 14

Yolanda Castañeda Zavala l Yolanda Cristina Massieu Trigo Crisis alimentaria y modernización agrícola Desde la segunda mitad del siglo XX, que comienza la industrialización de la agricultura, la promesa de que la tecnología ayudaría a resolver el problema del hambre en el mundo ha sido recurrente. Pese a ello, esta promesa sigue siendo incumplida, mientras se suceden los fenómenos de modernización agrícola, en búsqueda de mayor producción de alimentos. Según la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization of the United Nations), el número de personas en condición subalimentaria en el mundo se redujo ligeramente, de 868 millones en el periodo 2010-2011, a 842 millones en 2012-2013. Entre los años de 1990-1992, el número total de personas subalimentadas en los llamados “países periféricos”3 se ha reducido en 17%, de 995,5 a 826,6 millones. La FAO plantea que la ligera reducción reciente se debe a un crecimiento de la productividad agrícola, con un aumento de la inversión pública, que han mejorado la disponibilidad de alimentos (algo que no se ve muy claro en México). Reconoce que en algunos países las remesas de los migrantes permiten una reducción de la pobreza y, por lo tanto, el hambre; además que contribuyen a impulsar inversiones productivas de los pequeños agricultores, (esto sí se constata en nuestro país). En resumen, la meta de reducir a la mitad la cantidad de personas que padecen hambre para 2015, que se acordó a nivel internacional dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, parece muy poco factible de cumplirse. Lo anterior, pese a los proyectos modernizadores de ayer y de hoy, que reiteradamente prometen acabar con este problema. México fue el laboratorio precursor y privilegiado de la llamada Revolución Verde en la segunda mitad del siglo pasado. Este proyecto, que inauguró la investigación pública en el México posrevolucionario, diseñó un costoso paquete de semillas mejoradas, agroquímicos, mecanización y riego, que logró aumentar los rendimientos del maíz y el trigo, pero también ahondó la brecha entre productores ricos y pobres (Hewitt, 1975), y generó nocivos efectos ambientales. Los beneficiarios de dicho proyecto de modernización fueron los nacientes empresarios agrícolas y las compañías transnacionales productoras de insumos. Estas últimas, iniciaron un dominio de la producción y los mercados agrícolas, que siguen manteniendo hasta la fecha. Los documentos de la FAO adoptan sin más la terminología “en desarrollo”, que en este texto cuestionamos, pues parece que existiera una sola vía al desarrollo que hay que alcanzar. Adoptamos en consecuencia, los términos propuestos por Wallerstein (2007): países “periféricos” y “centrales”, por reflejar mejor la situación desigual entre países débiles y poderosos, donde estos últimos tienen el poder de decisión. 3 12