¿Tiene límites la plasticultura fresera en Zamora, Michoacán?
abastecedores inmediatos y logran el mejor precio en condiciones mercantiles
y sanitarias más flexibles.
Es interesante no perder de vista que aunque más de la mitad de la cosecha
mexicana de 2011, casi 212 mil toneladas, tuvo como destino el mercado
nacional, los procesos agroindustriales freseros de Estados Unidos impactan
a sus pares de México. En ese mismo año, 2011, el 45% de la frutilla (174,780
toneladas) se exportó principalmente a los Estados Unidos. De ellas, 121,942
toneladas (70%) se cosecharon en Michoacán.
Tanto por su aportación a las exportaciones como al mercado nacional,
Michoacán ocupa un lugar importante. Ahora bien, referirse a este estado y a las
fresas es aludir a Zamora y su región, donde el plástico se expande con fuerza
por el acicate de ofrecer frutas y hortalizas inocuas al exigente consumidor
norteamericano. En un par de décadas el riego rodado cedió su lugar a la fertiirrigación y a los acolchados y túneles.
Tal transformación técnica estuvo precedida y/o acompañada de cambios
sociopolíticos de honda huella: la reforma al artículo 27 constitucional, la
transferencia del distrito de riego, la firma del TLCAN, las restricciones sanitarias
al agua de riego contaminada por coliformes, la cooptación y/o derrota de
las dirigencias campesinas y la interiorización del “riesgo microbiano” (la
inocuidad) en las normas nacionales y locales de la producción agropecuaria.
La fresa, como generadora de empleo, sigue lidereando la campiña
zamorana. Los estudiosos más optimistas estiman que en la región Zamora–
Ciénega de Chapala en el año 2010 se requirieron 4’066,860 jornales, de los
cuales una alta porción (81.27%) correspondió al sistema tecnificado (macro
túnel), otra menor (13.56%) a la modalidad semi-tecnificada (acolchado) y
un poco menos (5.15) a la fresa tradicional o de riego por gravedad (Conacyt,
Fondo sectorial, 2012-3).
El plástico se ha colocado tanto en la producción como en el consumo de
las hortalizas, particularmente de aquellas que se consumen en fresco, como
las fresas. El plástico transparente –el clam Shell de 465 gramos– es símbolo de
asepsia en el altar de un supermercado y el acolchado es uno de los componentes
emblemáticos de las prácticas agrícolas inocuas.
Y en el discurso de los principales participantes en la producción fresera
no parece haber preocupación alguna por el crecimiento del área de acolchado
y macro túnel, cuyo incremento en la productividad y en la oferta puede
desalentar el precio. El optimismo, obvio en los intermediarios nacionales e
internacionales, suicida para los productores, mira un horizonte de cinco mil
hectáreas sin complicaciones por saturación de frutilla ni incertidumbre por
el desplazamiento de los pequeños productores o dudas por el agotamiento
del agua.
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