J. Luis Seefoó Luján
consumidor) permea todos los espacios de decisión
en la política agrícola.
Para comentar las dificultades que enfrenta (rá)
la producción fresera y que pueden significar límites
reales de este modelo de agricultura industrial en la
región zamorana, este texto se compone de dos partes:
a) Plástico como símbolo de pureza y de dependencia; y, b)
competencia por el agua y el suelo.
Plástico como símbolo de pureza y de dependencia
El uso del polietileno en la fresa ha aumentado. Desde su aplicación experimental
por la Unión de Freseros en 1987-88, hasta el acolchado poco exitoso de Frexport
en 1992 y los esquemas de contrato con riego presurizado, acolchado y macro
túnel que desde 2003 aplica Driscoll en la región.
En 2008 se registraban 583.6 hectáreas con macro túnel en los municipios
de Jacona, Tangancícuaro y Zamora, y en 2010 se calculaba un área de 3005
hectáreas, incluyendo a las entidades señaladas más Chavinda, Ecuandureo,
Ixtlán y Pajacuarán. Entre otros aspectos positivos de estas técnicas destacan:
incremento en la productividad, de 20-26 a 80 ton/ha; mejor sanidad del fruto;
y ahorro de agua (de 1538 a 192.5 litros/kg). En la parte negativa sobresalen:
la contaminación por desechos plásticos, los efectos nocivos del Bromuro de
metilo en la capa de ozono, los daños a la salud humana por exposición al 1,3
Dicloropropano y el agotamiento futuro del agua subterránea.
El objetivo principal de este trabajo es examinar límites técnicos, sociales y
ambientales que este modo de cultivar tiene en un contexto particular, la región
zamorana. El estudio se apoya en entrevistas, observación directa en campo
y revisión hemerográfica.
Como comentaremos en este apartado, la influencia de Estados Unidos
no opera sólo por la oferta de insumos básicos –como la “semilla”- o por la
vecindad de los intermediarios o brockers de ese país, sino porque la demanda
norteamericana no puede satisfacerse sólo con fresas de allá. EE. UU. es el
primer productor, con una tercera parte de los 4,349.4 millones de toneladas
mundiales cosechadas en 2011, cifra planetaria que viene creciendo, pues en
1999 ya había superado los tres millones con 3,143 unidades. Es el primer
productor y consumidor, pero al no contar con fresa fresca suficiente en el frío
invernal californiano, recurre a las importaciones.
Esa “ventana” se ubica en diciembre y enero, tiempo en que California
–generador del 89% de las fresas estadounidenses– no cosecha o sus existencias en fresco son tan bajas que los freseros colocados en México son los
108