Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
Éste era el único error que reconocía; el de haber sido débil y
haberse entregado. Otra idea le mortificaba. ¿Por qué no se había
suicidado? ¿Por qué habría vacilado cuando miraba las aguas del
río y, en vez de arrojarse, prefirió ir a presentarse a la policía?
¿Tan fuerte y tan difícil de vencer era el amor a la vida? Pues
Svidrigailof lo había vencido, a pesar de que temía a la muerte.
Reflexionaba amargamente sobre esta cuestión y no podía
comprender que en el momento en que, inclinado sobre el Neva,
pensaba en el suicidio, acaso presentía ya su tremendo error, la
falsedad de sus convicciones. No comprendía que este
presentimiento podía contener el germen de una nueva
concepción de la vida y que le anunciaba su resurrección.
En vez de esto, se decía que había obedecido a la fuerza oscura
del instinto: cobardía, debilidad...
Observando a sus compañeros de presidio, se asombraba de ver
cómo amaban la vida, cuán preciosa les parecía. Incluso creyó ver
que este sentimiento era más profundo en los presos que en los
hombres que gozaban de la libertad. ¡Qué espantosos
sufrimientos habían soportado algunos de aquellos reclusos, los
vagabun F