Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
tiempo atrás que era uno de esos hombres que tienen más
derechos que el tipo común de los mortales.
Si al menos el destino le hubiera procurado el arrepentimiento, el
arrepentimiento punzante que destroza el corazón y quita el
sueño, el arrepentimiento que llena el alma de terror hasta el
punto de hacer desear la cuerda de la horca o las aguas
profundas... ¡Con qué satisfacción lo habría recibido! Sufrir y llorar
es también vivir. Pero él no estaba en modo alguno arrepentido de
su crimen. ¡Si al menos hubiera podido reprocharse su necedad,
como había hecho tiempo atrás, por las torpezas y los desatinos
que le habían llevado a la prisión! Pero cuando reflexionaba ahora,
en los ratos de ocio del cautiverio, sobre su conducta pasada,
estaba muy lejos de considerarla tan desatinada y torpe como le
había parecido en aquella época trágica de su vida.
«¿Qué tenía mi idea -se preguntaba- para ser más estúpida que
las demás ideas y teorías que circulan y luchan por imponerse
sobre la tierra desde que el mundo es mundo? Basta mirar las
cosas con amplitud e independencia de criterio, desprenderse de
los prejuicios para que mi plan no parezca tan extraño. ¡Oh,
pensadores de cuatro cuartos! ¿Por qué os detenéis a medio
camino...? ¿Por qué mi acto os ha parecido monstruoso? ¿Por qué
es un crimen? ¿Qué quiere decir la palabra "crimen"? Tengo la
conciencia tranquila. Sin duda, he cometido un acto ilícito; he
violado las leyes y he derramado sangre. ¡Pues cortadme la
cabeza, y asunto concluido! Pero en este caso, no pocos
bienhechores de la humanidad que se adueñaron del poder en vez
de heredarlo desde el principio de su carrera debieron ser
entregados al suplicio. Lo que ocurre es que estos hombres
consiguieron llevar a cabo sus proyectos; llegaron hasta el fin de
su camino y su éxito justificó sus actos. En cambio, yo no supe
llevar a buen término mi plan... y, en verdad, esto demuestra que
no tenía derecho a intentar ponerlo en práctica.
StudioCreativo ¡Puro Arte!
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