Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
-Sí... Había llegado hacía poco.
-En efecto. Había perdido a su mujer. Era un hombre dado a la
crápula. Y de pronto se suicida. ¡Y de qué modo! No se lo puede
usted imaginar... Ha dejado unas palabras escritas en un bloc de
notas, declarando que moría por su propia voluntad y que no se
debía culpar a nadie de su muerte. Dicen que tenía dinero. ¿Cómo
es que lo conoce usted?
-¿Yo? Pues... Mi hermana fue institutriz en su casa.
-Entonces, usted puede facilitarnos datos sobre él. ¿Sospechaba
usted sus propósitos?
-Le vi ayer. Estaba bebiendo champán. No observé en él nada
anormal.
Raskolnikof tenía la impresión de que había caído un peso
enorme sobre su pecho y lo aplastaba.
-Otra vez se ha puesto usted pálido. ¡Está tan cargada la
atmósfera en estas oficinas!
-Sí -murmuró Raskolnikof-. Me marcho. Perdóneme por haberle
molestado.
-No diga usted eso. Estoy siempre a su disposición. Su visita ha
si