Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
servicios. Discutió con nosotros y estuvo bastante grosero.
Habíamos fundado ciertas esperanzas en él, pero ¡vaya usted a
entenderse con nuestra brillante juventud! Se le ha metido en la
cabeza presentarse a unos exámenes sólo para poder darse
importancia. No tiene nada en común con usted ni con su amigo el
señor Rasumikhine. Ustedes viven para la ciencia, y los reveses no
pueden abatirlos. Las diversiones no son nada para ustedes. Nihil
esi, como dicen. Ustedes llevan una vida austera, monástica, y un
libro, una pluma en la oreja, una indagación científica, bastan
para hacerlos felices. Incluso yo, hasta cierto punto... ¿Ha leído
usted las Memorias de Livinstone?
-No.
-Yo sí que las he leído. Desde hace algún tiempo, el número de
nihilistas ha aumentado considerablemente. Esto es muy
comprensible si uno piensa en la época que atravesamos. Pero le
digo esto porque... Usted no es nihilista, ¿verdad? Respóndame
francamente.
-No lo soy.
-Sea franco, tan franco como lo sería con usted mismo. La
obligación es una cosa, y otra la... Creía usted que iba a decir la
«amistad», ¿verdad? Pues se ha equivocado: no iba a decir la
amistad, sino el sentimiento de hombre y de ciudadano, un
sentimiento de humanidad y de amor al Altísimo. Yo soy un
personaje oficial, un funcionario, pero no por eso debo ser menos
ciudadano y menos hombre... Hablábamos de Zamiotof, ¿verdad?
Pues bien, Zamiotof es un muchacho que quiere imitar a los
franceses de vida disipada. Después de beberse un vaso de
champán o de vino del Don en un establecimiento de mala fama,
empieza a alborotar. Así es su amigo Zamiotof. Estuve tal vez un
poco fuerte con él, pero es que me dejé llevar de mi celo por los
intereses del servicio. Por otra parte, yo desempeño cierto papel
en la sociedad, tengo una categoría, una posición. Además, estoy
casado, soy padre de familia y cumplo mis deberes de hombre y
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