CRIMEN Y CASTIGO - FIÓDOR DOSTOYEVSKI | Page 641

Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski Pensó de pronto en Ilia Petrovitch, el «teniente Pólvora». «Pero ¿es que sólo con él puedo hablar? ¿Acaso no podría dirigirme a otro, a Nikodim Fomitch, por ejemplo? ¿Y si volviera atrás y fuese a visitar al comisario de policía en su domicilio? Entonces la escena se desarrollaría de un modo menos oficial y menos... No, no; me enfrentaré con el "teniente Pólvora". Puesto que hay que beberse la copa, me la beberé de una vez.» Y presa de un frío de muerte, con movimientos casi inconscientes, Raskolnikof abrió la puerta de la comisaría. Esta vez sólo vio en la antecámara un ordenanza y un hombre del pueblo. Ni siquiera apareció el gendarme de guardia. Raskolnikof pasó a la pieza inmediata. «A lo mejor, no puedo decir nada todavía», pensó. Un empleado que vestía de paisano y no el uniforme reglamentario escribía inclinado sobre su mesa. Zamiotof no estaba. El comisario, tampoco. -¿No hay nadie? -preguntó al escribiente. -¿A quién quiere ver? En esto se dejó oír una voz conocida. -No necesito oídos ni ojos: cuando llega un ruso, percibo por instinto su presencia..., como dice el cuento. Encantado de verle. Raskolnikof empezó a temblar. El «teniente Pólvora» estaba ante él. Había salido de pronto de la tercera habitación. « Es el destino -pensó Raskolnikof-. ¿Qué hace este hombre aquí?» -¿Viene usted a vernos? ¿Con qué objeto? Parecía estar de excelente humor y bastante animado. -Si ha venido usted por algún asunto del despacho -continuó-, es demasiado temprano. Yo estoy aquí por casualidad... Dígame: ¿puedo serle útil en algo? Le aseguro, señor... ¡Caramba no me acuerdo del apellido! Perdóneme... -Raskolnikof. StudioCreativo ¡Puro Arte! Página 640