Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
cualquier cosa para ganar tiempo y contemplar un rostro
humano... ¡Y he osado enorgullecerme, creerme llamado a un alto
destino! ¡Qué miserable y qué cobarde soy!
Avanzaba a lo largo del malecón del canal y ya estaba muy cerca
del término de su camino. Pero al llegar al puente se detuvo,
vaciló un momento y, de pronto, se dirigió a la plaza del Mercado.
Miraba ávidamente a derecha e izquierda. Se esforzaba por
examinar atentamente las cosas más insignificantes que
encontraba en su camino, pero no podía fijar la atención: todo
parecía huir de su mente.
« Dentro de una semana o de un mes -se dijo- volveré a pasar
este puente en un coche celular... ¿Cómo miraré entonces el
canal? ¿Volveré a fijarme en el rótulo que ahora estoy leyendo? En
él veo la palabra "Compañía". ¿Leeré las letras una a una como
ahora? Esa "a" que ahora estoy viendo, ¿me parecerá la misma
dentro de un mes? ¿Qué sentiré cuando la mire? ¿Qué pensaré
entonces? ¡Dios mío, qué mezquinas son estas preocupaciones...!
Verdaderamente, todo esto debe de ser curioso... dentro de su
género... ¡Ja, ja, ja! ¡Qué cosas se me ocurren! Estoy haciendo el
niño y me gusta mostrarme así a mí mismo... ¿Por qué he de
avergonzarme de mis pensamientos...? ¡Qué barahúnda...! Ese
gordinflón, que sin duda es alemán, acaba de empujarme, pero
¡qué lejos está de saber a quién ha empujado! Esa mujer que
tiene un niño en brazos y pide limosna me cree, no cabe duda
más feliz que ella. Seria chocante que pudiera socorrerla... ¡Pero
si llevo cinco kopeks en el bolsillo! ¿Cómo diablo habrán venido a
parar aquí?»
-Toma, hermana.
-Que Dios se lo pague -dijo con voz lastimera la mendiga.
Llegó a la plaza del Mercado. Estaba llena de gente. Le
molestaba codearse con aquella multitud, sí, le molestaba
profundamente, pero no por eso dejaba de dirigirse a los lugares
donde la muchedumbre era más compacta. Habría dado cualquier
StudioCreativo ¡Puro Arte!
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