Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
sido una cuestión jurídica.) Por otra parte, no hay motivo para
inquietarse demasiado. La masa no les reconoce nunca ese
derecho y los decapita o los ahorca, dicho en términos generales,
con lo que cumple del modo más radical su papel conservador, en
el que se mantiene hasta el día en que generaciones futuras de
esta misma masa erigen estatuas a los ajusticiados y crean un
culto en torno de ellos..., dicho en términos generales. Los
hombres de la primera categoría son dueños del presente; los de
la segunda del porvenir. La primera conserva el mundo,
multiplicando a la humanidad; la segunda empuja al universo para
conducirlo hacia sus fines. Las dos tienen su razón de existir. En
una palabra, yo creo que todos tienen los mismos derechos. Vive
donc la guerre éternelle..., hasta la Nueva Jerusalén, entiéndase.
-Entonces, ¿usted cree en la Nueva Jerusalén?
-Sí -respondió firmemente Raskolnikof.
Y pronunció estas palabras con la mirada fija en el suelo, de
donde no la había apartado durante su largo discurso.
-¿Y en Dios? ¿Cree usted...? Perdone si le parezco indiscreto.
-Sí, creo -repuso Raskolnikof levantando los ojos y fijándolos en
Porfirio.
-¿Y en la resurrección de Lázaro?
-Pues... sí. Pero ¿por qué me hace usted estas preguntas?
-¿Cree usted sin reservas?
-Sin reservas.
-Bien, bien... La cosa no tiene ninguna importancia. Simple
curiosidad... Ahora, y perdone, permítame que vuelva a nuestro
asunto. No siempre se ejecuta a esos criminales. Por el contrario,
algunos...
-Conservan su vida, triunfantes. Sí