Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
variable, como es natural. Si no lo fueran, les sería difícil salir de
la rutina. No quieren permanecer en ella, y yo creo que no lo
deben hacer.
»Ya ven ustedes que no he dicho nada nuevo. Estas ideas se han
comentado mil veces de palabra y por escrito. En
cuanto a mi división de la humanidad en seres ordinarios y
extraordinarios, admito que es un tanto arbitraria; pero no me
obstino en defender la precisión de las cifras que doy. Me limito a
creer que el fondo de mi pensamiento es justo. Mi opinión es que
los hombres pueden dividirse, en general y de acuerdo con el
orden de la misma naturaleza, en dos categorías: una inferior, la
de los individuos ordinarios, es decir, el rebaño cuya única misión
es reproducir seres semejantes a ellos, y otra superior, la de los
verdaderos hombres, que se complacen en dejar oír en su medio
"palabras nuevas. Naturalmente, las subdivisiones son infinitas,
pero los rasgos característicos de las dos categorías son, a mi
entender, bastante precisos. La primera categoría se compone de
hombres conservadores, prudentes, que viven en la obediencia,
porque esta obediencia los encanta. Y a mí me parece que están
obligados a obedecer, pues éste es su papel en la vida y ellos no
ven nada humillante en desempeñarlo. En la segunda categoría,
todos faltan a las leyes, o, por lo menos, todos tienden a violarlas
por todos sus medios.
»Naturalmente, los crímenes cometidos por estos últimos son
relativos y diversos. En la mayoría de los casos, estos hombres
reclaman, con distintas fórmulas, la destrucción del orden
establecido, en provecho de un mundo mejor. Y, para conseguir el
triunfo de sus ideas, pasan si es preciso sobre montones de
cadáveres y ríos de sangre. Mi opinión es que pueden permitirse
obrar así; pero..., que quede esto bien claro..., teniendo en
cuenta la clase e importancia de sus ideas. Sólo en este sentido
hablo en mi artículo del derecho de esos hombres a cometer
crímenes. (Recuerden ustedes que nuestro punto de partida ha
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