Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski
dirigiéndose al mozo-, no quiero hacerle perder más tiempo. Haga
el favor de explicarme el motivo de su visita... Has de saber,
Rodia, que es la segunda vez que la casa Chelopaief envía un
empleado. Pero la visita anterior la hizo otro. ¿Quién es el que
vino antes que usted?
-Sin duda, usted se refiere al que vino anteayer. Se llama Alexis
Simonovitch y, en efecto, es otro empleado de la casa.
-Es un poco más comunicativo que usted, ¿no le parece?
-Desde luego, y tiene más capacidad que yo.
-¡Laudable modestia! Bien; usted dirá.
-Se trata -dijo el empleado, dirigiéndose a Raskolnikof- de que,
atendiendo a los deseos de su madre, Atanasio Ivanovitch
Vakhruchine, de quien usted, sin duda, habrá oído hablar más de
una vez, le ha enviado cierta cantidad por mediación de nuestra
oficina. Si está usted en posesión de su pleno juicio le entregaré
treinta y cinco rublos que nuestra casa ha recibido de Atanasio
Ivanovitch, el cual ha efectuado el envío por indicación de su
madre. Sin duda, ya estaría usted informado de esto.
-Sí, sí..., ya recuerdo... Vakhruchine... -murmuró Raskolnikof,
pensativo.
-¿Oye usted? --exclamó Rasumikhine-. Conoce a Vakhruchine.
Por lo tanto, está en su cabal juicio. Por otra parte, advierto que
también usted es un hombre capacitado. Continúe. Da gusto oír
hablar con sensatez.
-Pues sí, ese Vakhruchine que usted recuerda es Atanasio
Ivanovitch, el mismo que ya otra vez, atendiendo a los deseos de
su madre, le envió dinero de este mismo modo. Atanasio
Ivanovitch no se ha negado a prestarle este servicio y ha
informado del asunto a Simón Simonovitch, rogándole le haga
entrega de treinta y cinco rublos. Aquí están.
-Emplea usted expresiones muy acertadas. Yo adoro también a
esa madre. Y ahora juzgue usted mismo: ¿está o no en posesión
de sus facultades mentales?
StudioCreativo ¡Puro Arte!
Página 146