Para el diseño de las actividades de la jornada, consideramos que debíamos presentar una serie de contenidos focalizados en el“ hacer” del docente más que en el“ hacer” o“ no poder hacer” del estudiante.
La primera actividad los puso en situación de comprender que es el especialista de la propia disciplina quien debe enseñarle a los chicos a leer y a escribir porque conocen las convenciones de su propia materia. Con esa intención pedimos que se agruparan por áreas o espacios curriculares afines para que pudieran comentar sus modos de trabajo, inquietudes y decisiones que adoptan cuando el grupo de estudiantes presenta dificultades para comprender los textos con los que trabajan. Los comentarios fueron recurrentes, más allá de la especificidad de cada grupo de docentes, hicieron referencia al desconocimiento que manifiestan los estudiantes respecto del lenguaje específico de las disciplinas, a la escasa habilidad y predisposición para la toma de apuntes, a la escasez de vocabulario que se pone en evidencia cuando deben explicar aquello que leyeron o estudiaron, a la falta de motivación que presentan frente a la lectura, o las reiteradas dificultades que observan en la comprensión de consignas de trabajo.
Una vez que se puso de manifiesto que las dificultades de compresión de los estudiantes se evidenciaban de la misma manera, tanto en lengua como en matemática o sociales, quienes coordinamos la actividad del día, nos propusimos desarrollar algunos conceptos que pudieran“ arrojar” luz a la temática, sabiendo que, probablemente, sea la comprensión lectora una de las debilidades en la formación de los estudiantes.
Mirarnos en nuestro quehacer diario y asumir que aun sabiendo que los chicos presentan dificultades para comprender lo que leen, no siempre abordamos conscientemente el asunto como objeto de conocimiento. ¿ Por qué será? Tal vez, porque cuando enseñamos lo hacemos poniendo todo el esfuerzo en lo conceptual y escasa atención en el“ cómo”, en las habilidades y destrezas que tienen los chicos para entender lo que leen, como si se tratara de un proceso obvio, de algo que ya traen incorporado casi de manera natural, como si ese“ hacer” se alcanzara de manera intuitiva damos por hecho que, si el texto no presenta dificultades en cuanto a su vocabulario o si explicamos en otros términos lo que dice una consigna, quienes saben leer pueden comprender lo que está escrito.
Sin embargo, no es tan simple y lineal la comprensión lectora, porque en la interacción que establecen lector y texto es donde radica el fundamento de la comprensión. En este proceso de comprender, el lector / estudiante relaciona la información que el autor le presenta en el texto con la información que tiene almacenada en su mente, este
606