mos decir que todos somos sensibles a esos resultados estadísticos, a esa proporción o, mejor dicho, desproporción numérica que pone sobre la mesa una seria falencia en la formación de nuestros estudiantes. El punto es que, si bien las cifras hablan del“ hacer” de los alumnos, la mirada debiera trasladarse al“ no hacer” de los docentes que somos quienes formamos a esos chicos. Sus fracasos son nuestros fracasos.
Los docentes somos co responsables del desempeño de nuestros estudiantes y quienes podemos promover los cambios en la escuela, por eso urge la reflexión y la acción para revertir los problemas de comprensión lectora que observamos en el aula.
Sabemos que la lectura y la escritura son condiciones centrales para la educación pero también somos conscientes de las dificultades que tienen los alumnos para comprender lo que leen, no importa la extensión o el contenido del material con que trabajen: se trate de consignas, problemas, textos expresivos o informativos, el problema se manifiesta y generalmente disponemos de pocas herramientas para ayudarlos.
En contraposición con este problema puntual y generalizado que se observa en las aulas, uno de los objetivos generales de la Educación Secundaria Obligatoria( ESO) plantea lo que se espera que, al finalizar esa etapa, lleguen a ser los estudiantes: lectores independientes, expertos y críticos con la información escrita que manejan y que se les ofrece y que sean capaces de construir activamente significado a partir del texto que lean.
Sin lugar a dudas, los objetivos son muy ambiciosos respecto del lector que se espera formar, sobre todo cuando contrastamos esa expectativa con la realidad cotidiana que se observa en el aula: estudiantes que no siempre comprenden lo que leen y que difícilmente puedan alcanzar la independencia y autonomía lectora que se espera que logren. El punto es que, diagnosticada esta situación, tenemos que asumir que somos los docentes quienes tenemos la tarea de desvelarles el proceso reflexivo que conlleva el uso de herramientas en contextos reales de lectura, ayudarlos a aprender a utilizarlas a través del andamiaje oportuno, transfiriéndoles la responsabilidad de su uso independiente( Calero, 2012, 2013).
Siguiendo en la línea de generalizar situaciones, también es frecuente que los docentes de Lengua seamos los depositarios de la demanda y queja de nuestros colegas porque consideran que somos los especialistas en la materia quienes debemos dar respuesta y solución a la problemática expuesta. Pareciera que leer y escribir se enseñan y ejercitan únicamente en nuestro espacio curricular y que está en nosotros responsabilizarnos y mejorar las posibilidades de comunicación de los alumnos. Pareciera también
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