Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 585

debía jerarquizarse mediante prácticas vitales y dinámicas para su enseñanza. Sí pode- mos recordar que históricamente –en nuestro país desde la creación de los colegios na- cionales- el manual fue un texto pensado para los alumnos pero también muy funcional al docente que produjo en el ámbito académico enfervorizados debates 174 . Luego, la enseñanza de la Literatura generó una abundante producción de textos escolares que han regido gran parte del siglo XX hasta nuestros días. Casi todos se pre- sentaban con un fuerte planteo historiográfico por períodos, como eran los de Fermín Estrella Gutiérrez, Arturo Berenguer Carisomo. En ellos el estudiante leía información sobre épocas, autores, obras y comentarios que después reponía en clase con su docente en paralelo a la lectura completa o fragmentaria de la obra literaria. Lo cierto es que lo que se enseñaba hasta los ’60 estaba más cercano a la historia de la literatura que a la lectura de textos literarios. En los ’70, las Antologías de Lacau y Rosetti marcaron un antes y un después en la enseñanza de esta materia, porque allí había un modo particular de conectar la litera- tura con la música, la plástica y otras artes y ofrecían propuestas de trabajo para el aula que las distanciaban de los manuales más tradicionales. A esos textos les sucedieron, en los ’80, propuestas como las de Alfredo Veiravé o Fernández de Yácubsohn, ambos adjuntaban carpetas didácticas de antología de textos y actividades sobre los mismos. También circularon como novedosos los manuales para 4° y 5° de Oscar Lanzillotta en A-Z editora, o los textos para Literatura editados por Santillana 175 y organizados según la contextualización histórica, movimientos, fragmen- tos literarios y actividades en un único volumen. Los ’90 impusieron un modo de leer diferente, atravesado por el paradigma lin- güístico comunicacional y la fuerte irrupción del mercado editorial con nuevas políticas que desarticularon la tradición editorial de la Argentina. Esos manuales dialogaban con los diseños curriculares de la Ley Federal de Educación de 1993 y se extendieron hasta 2006 momento en que la LFE estuvo en vigencia. Ellos otorgaban a la literatura un va- lor discursivo utilitario distante de la tradición humanística. Por eso también la oferta fue muy variada, se pasó de concebir la organización de la materia como Literatura a formularla como “Lengua y Literatura” o “Literatura y Comunicación” para 1°, 2° y 3° 174 Remito a la polémica en torno al manual como uno de los ejes centrales en Cerisy-la-Salle en Francia en 1969. En: Literatura y Educación Barthes, Booth, Ceserani, Kuentz y otros. Estudio preliminar de G. Bombini. Bs As., CEAL, 1992. Particularmente el artículo de Pierre Kuentz, El reverso del texto. P.34-65. 175 Las ediciones anteriores a la sanción de la LFE estuvieron a cargo de Graciela Bracaccini, Silvia Calero, Gabriel De Luca y Nidia Tagliabue y conservan la periodización de literatura española para 4° año y argentina e hispanoamerica - na para 5°. 585