profundas del ser humano de acuerdo con la cosmogonía singular de cada grupo sociocultural( Campbell, 2001). Asimismo, en el caso de las narraciones leídas en clase, se ponía en evidencia una manera de contar( una sintaxis, un léxico) diferente a la empleada actualmente; un modo distinto de concebir el mundo. Más aún, una costumbre distante, remota para los jóvenes.
Frente a esto, cabe destacar que el patrimonio cultural transmitido desde tiempos primitivos a través de la oralidad supera la épica de los mitos, para incorporar la diversidad de los saberes cotidianos, tales como relatos de asuntos, supersticiones, consejos culinarios, secretos medicinales o anécdotas humorísticas. Este caudal es compartido con un decir singular, más lúdico, indagador, y poético, que el de los intercambios inmediatos.
Entonces, ¿ qué sucede hoy con los relatos orales, con esa sabiduría transmitida por las voces de los mayores? ¿ Hay, en nuestra comunidad, relatos para contar? Al abrir el diálogo en el aula, los estudiantes intercambiaron fragmentos de su acervo familiar:“ A mí me cuentan sobre la época de los inmigrantes, de cómo vinieron de Italia, del viaje en barco, de cómo llegaron a Colonia Caroya y que no había nada y tuvieron que empezar a hacer todo”, compartió Ayelén 168, mientras varios de sus compañeros coincidían en que a ellos les habían contado lo mismo.
Fue a partir de este intercambio que los estudiantes se propusieron rastrear aquellos relatos sobre esa parte de la historia que para muchos se presentaba como lejana pero que, sin embargo, les estaba siendo legada como propia.
La búsqueda de relatos En principio, docente y estudiantes confeccionaron una lista de costumbres y
lugares sobre los cuales indagar: se mencionó la típica avenida de plátanos y la parroquia; la elaboración de chacinados y del vino patero. Luego, organizados en pequeños grupos( dos a cuatro integrantes), llevaron a cabo un trabajo de campo en torno a la opción seleccionada por cada uno. Esto supuso entrevistar a familiares y
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Cabe aclarar que Colonia Caroya fue fundada en 1878 por un grupo de inmigrantes italianos( provenientes específicamente de la región friulana); luego de que el presidente Nicolás Avellaneda promulgara la Ley de Inmigración y Colonización( N º 817) con el objetivo de poblar el país. Actualmente, el crecimiento de la localidad abrió sus puertas a nuevos migrantes, provenientes tanto de la capital cordobesa como de regiones aledañas del norte provincial, o de países limítrofes como Bolivia o Paraguay. Sin embargo, las raíces italianas de los“ nonos gringos” perviven como marca de la identidad cultural.
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