Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 564

A modo de sugerencias
Al inicio de este escrito establecimos una estrecha relación entre los conceptos de archivo, colección, lectura y escritura. La formación literaria de los docentes es un factor que les permite armar diferentes colecciones a partir de una selección de textos que les propongan a los y a los jóvenes desafíos intelectuales, que puedan despertarles inquietudes, dudas y que les permitan activarles preguntas, cuestionamientos, identificaciones surgidas desde los diferentes modos de leer. A partir de esa movilización interna, pueden desarrollarse prácticas de oralidad organizadas en conversaciones literarias. En este espacio deben ofrecerse algunos conceptos teóricos que les permitan pasar de la práctica de lectura inicial e indagatoria a otra más crítica. La proyección de una diapositiva con un par de conceptos fundamentales puede funcionar como un puente entre el texto literario y la teoría literaria. Las prácticas de oralidad también son espacios plurívocos en los cuales las voces ajenas de los compañeros o del docente pueden iluminar zonas de la lectura. Este intercambio nacido de prácticas de lectura y de oralidad puede transformarse en una puerta para realizar un ingreso hermenéutico al texto, es decir, generar la posibilidad de que esas lecturas les permitan a los jóvenes desarrollar la sensibilidad para poder percibir algo movilizador en el discurso del otro. Seguimos a Ricoeur( 2000) cuando proponemos que el aula sea un espacio que habilite interpretaciones y no análisis textuales en tanto estas últimas tienden a ser prácticas descriptivas y aplicacionistas. La interpretación, en cambio, promueve la construcción de sentidos y el ejercicio del pensamiento. En este punto valoramos la actividad de nuestros estudiantes como sujetos lectores que deben hacerse responsables de cerrar con su lectura e interpretación un texto abierto por un escritor ausente.
La construcción de saberes nace de las prácticas de lectura y oralidad y se fortalece con las prácticas de escritura. Es en estas prácticas donde pueden tramitarse espacios que permitan incluir diversos niveles reflexivos: por un lado, las reflexiones sobre los textos leídos implican haberse apropiado de ellos y por otro, las reflexiones relacionadas con los hechos del lenguaje les permiten explorar los funcionamientos del sistema de la lengua escrita en relación a ciertas normas relacionadas con la corrección. De más está decir que los estudiantes también pueden construir colecciones de estos textos en función de diferentes intenciones individuales o colectivas.
La idea es trabajar una relación personal con la literatura sin considerar que los autores son miembros de un panteón sacro. En definitiva, proponemos establecer junto a
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