Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 546

Malvinas, Literatura y escuelas Las narrativas que trabajan como tópico la guerra de Malvinas renuncian, según Sarlo, a la construcción de explicaciones y mantienen una relación dinámica entre los sentidos comunes de la experiencia, los sentidos impuestos por el discurso autoritario y los sentidos construidos en los años anteriores a la guerra. “Presentan así un discurso ca- racterizado por formas figuradas sobre el conjunto de hechos y experiencias que se rehúsan a incorporarse dentro de las nociones convencionales de realidad, verdad o po- sibilidad. Esta movilidad del sentido, la tensión que se establece entre las formas figura- das, diseña un espacio discursivo abierto a la interpretación.” (Sarlo, 1987: p.72) De este modo, la literatura sobre Malvinas se erige como memorial y no como un monumento, en la medida en que no pretende generar un anclaje ni un relato unívoco, sino una apertura de sentidos. “Malvinas no puede ser la verdad del monumento porque se constituye una y otra vez como acontecimiento, y de esto dan cuenta las novelas, la proliferación de textos que (…) continúan tratando no de apresar un sentido sino de mostrar la imposibilidad de fijarlo (…)” (Chiaretta y Filippi,2014:p.218) Desde estas concepciones y desde la convicción de que es desde la escuela que las nuevas generaciones participan activamente en la construcción de memoria social sobre los acontecimientos históricos que han dejado huellas en la identidad nacional y que in- terpelan para un trabajo con la memoria por la lucha por los DDHH, para la búsqueda y el reclamo de verdad y justicia elaboramos esta propuesta. Es decir, con la convicción de que como docentes debemos trabajar para la construcción de una “pedagogía de la memoria del horror”(Joan-Carles Melich, 2006) que sin olvidar la singularidad del acontecimiento nos permita integrarlo en una serie histórica desde donde pensarnos jun- to a otros y aprender de los otros cómo sobrevivir a la experiencia pasada traumática y transformadora del orden vital y, a la vez, integrarlos a un presente desde el que proyec- tar esa experiencia para que no vuelva a ocurrir (de allí la necesidad para una pedagogía de la memoria de superar la memoria literal por la memoria ejemplar). “La comparación que se lleva a cabo por medio de la memoria «simbólica» nada tiene que ver con la se- mejanza de los «hechos históricos», sino con la ética. Es el recuerdo del pasado lo que «pone en marcha» la acción en el presente, aunque éste sea distinto –históricamente ha- blando– del pasado (entre otras cosas, como ya he puesto de manifiesto, siempre lo es, jamás dos acontecimientos son idénticos)” (ídem: 121). 546