Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 530

de la dictadura y la diáspora de sus miembros, Grafein ya no existía como grupo pero se proyectaba a través de quienes lo habían integrado. Así, la idea de taller de escritura o mejor, de escritura en taller, reaparece como propuesta de la mano de Alvarado y Pam- pillo, esta vez para la escuela y para la universidad 133 . Es en esa línea que definimos una modalidad de taller que integre los saberes de Lengua y de Literatura en el aula no a través de la inclusión esporádica de alguna activi- dad de escritura creativa, sino como una condición de trabajo sostenido, con fuerte sen- tido lúdico, donde se explora la ficción a través de diversas posibilidades 134 . Decimos lúdico en su sentido más genuino: todo juego es una variante del como si que impone un pacto de lectura a través de un contrato que determina reglas para los desplazamientos y los roles, estimulando la creatividad para salir airosos, en la medida en que todo juego es una tensión de fuerzas que requiere de conocimientos, originalidad e ingenio. La propuesta, conforme se fue consolidando, se orientó naturalmente a profundi- zar y reforzar la necesidad de diseñar buenas consignas. Y en ese marco apareció como problemática singular la instancia de evaluación. ¿Cómo podían nuestros alumnos evaluar los aprendizajes de los chicos de modo que las escuelas quedasen conformes con los resultados de su paso como residentes uni- En 1982 aparece El taller de escritura, de Pampillo, inserto en una colección de Plus Ultra (Buenos Aires) destinada a la formación en Literatura Infantil y Juvenil. Si bien fue un libro pensado en principio para la escuela primaria y para espacios no formales, pronto cobró interés también en el Nivel Medio. En 1988 se publica Talleres de escritura. Con las manos en la masa, de Alvarado y Pampillo (Buenos Aires, Libros del Quirquincho), donde las autoras distinguen claramente entre un taller literario tradicional, que convoca a escritores principiantes y es coor- dinado generalmente por un escritor consagrado; y los talleres de escritura para todos, sobre las bases de Grafein. En 1988 tienen la oportunidad de generar una experiencia novedosa en la formación universitaria de grado, al crearse la cátedra de Taller de expresión I en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, que organizaron y dirigieron, y que se convertirá en un semillero fundamental donde se destacan nombres como Fernanda Cano, Irene Klein, Marina Cortés, en- tre otros. En 1993 se publica El nuevo escriturón, Curiosas y extravagantes actividades para es- cribir, de Alvarado, Bombini y Feldman, con ilustraciones de Istvan; El lecturón I. Gimnasia para despabilar lectores y El lecturón II. La máquina de hacer lectores, ilustrados por Gustavo Roldán, en la colección Libros del Quirquincho (Buenos Aires, Coquena Grupo editor). Un par de años antes se había publicado en la misma colección El pequeño lecturón. Vitaminas para lectores, de Alvarado y Feldman. Todos han sido reeditados en 2010-2012 por El Hacedor – Quipu y proponen muchas consignas de trabajo en taller, sobre todo para niños. Maite afianzaba un personal y profundo compromiso con la formación infantil, pregonando que la buena litera- tura es aquella que pueden leer Incluso los niños (título de su libro aparecido con el subtítulo Apuntes para una estética de la infancia, con Horacio Guido, como compiladores de una selec- ción de textos de grandes pensadores, publicado en 1993 por La marca, Buenos Aires). 133 En este sentido cuestionamos fuertemente la taxonomía base del enfoque comunicativo que opone textos ficcionales y no ficcionales, y que viene a renombrar la literatura desde un concep- to falaz, equívoco e insuficiente. 134 530