Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Seite 410

Entonces, podría pensarse que tal confusión frente a este género se debe a razones de tipo de dominio por parte de quien pretende enseñarlo. No bastaría con saber definirlo y distinguirlo de otros géneros sino que es preciso por parte de quien fomenta esta práctica de escritura desde la Filosofía o desde otro espacio de conocimiento que también el escribir y defender ensayos conforme la subjetividad profesional del docente. Por lo tanto, enseñar a producir ensayos implica crear un escenario en donde la relación estudiante- profesor, debe aprovecharse para lograr procesos de pensamiento superior en ambos. El ensayo se convierte también en un incentivo para la vigencia formativa no tan solo del alumno sino también para el profesor, pues si éste no es capaz de hacer un ensayo, se vuelve confuso, escribe confuso, y en consecuencia ¿ cómo va a evaluar / corregir a sus alumnos? Someter a un estudiante a que escriba un ensayo cuando no tiene propiedad para formular una tesis, cuando no posee habilidad para refutar o para argumentar con propiedad o exhibir de manera clara, coherente y contundente unas ideas a favor de una posición, se convierte en un acto irresponsable( Alzate Yepes, 2001). En suma, afrontar un ensayo o didactizarlo es estar obligado a expandir la conciencia, a tener mayor apertura, una mirada más universal.
En otro sentido, la opción de argumentar por escrito, en Filosofía, en vez de hablar es una oportunidad para la moderación de las expresiones, la mesura en las emociones y la consolidación de las intenciones o propósitos de lo que se escribe( Alzate Yepes, 2001). Estas tres cuestiones son necesarias de llevar a prácticas y ejercicios permanentes, más aún tratándose de adolescentes o jóvenes en búsqueda de un cierto orden o equilibrio tanto físico como psico-cognitivo. De allí que vincular el decir, por medio de argumentos, con la Filosofía como ámbito de debate, intercambio y diálogo constituyan el punto de intersección buscado para que la persona vehiculice su decir. El adolescente o joven necesita de un decir con argumentos; entendidos éstos como intentos de apoyar ciertas opiniones con razones( Weston, 1994:13). El adolescente o joven tiene lo que podría llamarse una predisposición natural para la Filosofía. Un barniz de filosofía pues quien no lo tiene va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón( Russell, 1970:131-132). Es que el estado de“ turbulencia” y cambio propios del momento adolescente y juvenil propicia las condiciones para decir desde un posicionamiento sincero y genuino, no contaminado por las impurezas que corroen la razón.
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