Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 234

problemas psiquiátricos, y como yo en esa época también...” ¡Muy fuerte! el nivel de intimidad y confianza que se había logrado en la sala era tal que estaba compartiendo eso. La voz se le quebraba por momentos. La quinta compañera, directamente, no pudo. Tomó su papel y comenzó a llorar, le dieron agua, lo volvió a intentar, y nuevamente, no pudo. A esta altura éramos 40 personas entre lágrimas y mocos... Yo, vaya a saber por qué milagro, estaba suficientemente repuesta y pude rescatar todo lo que había pasado, darle su enorme valor en muchos sentidos. Explicarles que podíamos haber hablado todo el año de la importancia del mediador en la literatura, o haber leído cantidad de artículos, sin que se produjera en ellas un aprendizaje tan potente como el que habíamos logrado entre todas en este rato. Las chicas empezaron a hablar, estaban muy bien, muy movilizadas pero apreciando todo lo que había pasado. La clase pudo seguir bien, aunque para algunas fue difícil seguirme en la lectura de un cuento o en ciertas explicaciones y me lo manifestaron: “es que me quedé muy pegada con lo que pasó antes...” Cómo escuchar, cómo decir y ser escuchada, también. Muchas veces se me aparece como una actividad de traducción y no puedo menos que adherir a lo que expresa Bajour, citando a Bajtín, cuando habla de culturas en diálogo: ...la escucha supondría no disolverse en el otro, sino el diálogo de dos culturas que “no se funden ni se mezclan, sino que cada una conserva su unidad e integridad abierta, pero las dos se enriquecen mutuamente” 59 (Bajour, 2008). Considero que algunas decisiones que he ido tomando en "Literatura en Inicial" están dando frutos interesantes. Veo que haber priorizado la construcción del camino lector en las chicas y su entrenamiento como mediadoras, frente a discusiones teóricas e históricas que propone el programa según el diseño curricular, fue bueno. Otra decisión, que en principio fue más intuitiva que fundamentada, fue trabajar primero con poesía y después con narrativa (lo que no quiere decir que no leyéramos cuentos desde principios de año, me refiero a un trabajo más sistemático y teórico). Por un lado, porque es la secuencia natural en el niño: primero el juego sonoro de la palabra, el humor, etc, y luego el significado, la secuencia temporal...; pero por otro, porque el trabajo con poesía permitió focalizar en el lenguaje y sus juegos; en lo metafórico y simbólico, sin anécdota. Así, al arribar a la narrativa, ya había una mirada algo entrenada, que permitió despegarse de lo argumental. De este modo, se van produciendo momentos bellos, de construcción colectiva del sentido de los textos, y de generación de propuestas de actividades ricas por parte de quienes comienzan a imaginarse docentes-mediadoras. En cierta clase, leímos Hay días, de Wernike 60 . Es un libro-álbum con muy poco texto. De manera que mientras mostraba la 59 60 Bajtín, Mijaíl. Yo también soy (fragmentos sobre el otro). México, Editorial Taurus, 2000 Wernicke, María. (2012). Hay días. Bs.As.: Calibroscopio. 234