Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 231
incorporados en los tránsitos escolares y aprender a mirar el libro completo, el proyecto
de la editorial, las intenciones, las ilustraciones...todo esto se va señalando a lo largo de las
clases. Por ejemplo, si hablamos del tema “estrategias de marketing en la venta de libros
para niños y del papel de las editoriales en relación con la divulgación” (Sehringer-
Griotti, 2003), es importante observar qué y cómo se ofrece. Instarlas a ir dejando registro
de sus observaciones en relación con las tapas y contratapas. Pretendo que tomen
conciencia de sus maneras de leer y de sus propios criterios. Y ver cómo van desarrollando
criterios de selección, cómo se va agudizando la mirada.
Por otro lado, me he propuesto que salgan con herramientas concretas (quiero decir
objetos materiales) en las cuales apoyarse al comenzar sus prácticas en cuarto año,
portadores con un formato abierto que permita su ampliación durante sus años de ejercicio
docente:
Antología de textos provenientes de la oralidad. Cada una se arma algún
dispositivo (bolsillero, fichero, carpetón...) muy manipulable, transportable, que se
pueda tener en el aula y compartir con los chicos, con todo tipo de trabalenguas,
adivinanzas, coplas, colmos, tantanes, chistes, canciones tradicionales, romances....
bien clasificados, ordenados y accesibles.
Cuaderno de poesías.
Itinerario de lecturas y actividades, en función de un eje escogido por cada uno,
para implementar en las prácticas de 4º año.
Tenemos sólo un año para poner en cuestión algunas concepciones y maneras de
hacer muy arraigadas, un corto tiempo para intentar fundar nuevas miradas y nuevas
prácticas. Por lo tanto, otro desafío para el docente formador es ir logrando acuerdos con
las profesoras encargadas de las prácticas y tutorías del año siguiente, de manera que se
respete y enriquezca el proceso que viene esbozándose desde la materia.
Las trayectorias escolares y literarias de nuestros estudiantes conforman nuestro
contexto real de trabajo. Más allá de nuestras expectativas, no podemos inventar un grupo
imaginado de alumnos ideales. Pero sí podemos modificar, en cierto grado, algo en
nosotras mismas, las formadoras de formadores. Se nos exige mucha flexibilidad,
capacidad de escucha y valoración del camino y del momento de cada docente en
formación. Es necesario que desarrollemos “una postura de escucha que se caracteriza
por una tensión, muchas veces incómoda quizás para los hábitos con que nos fuimos
formando, pero sumamente desafiante, entre dos decisiones: una, la necesidad de
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