Congresos y Jornadas Didáctica de las lenguas y las literaturas. | Page 217

mismo modo determinamos en qué año tendría que trabajar y también si debía preparar un tema de literatura o uno de lengua. Con estos datos los narradores organizaron un escenario y una circunstancia: un colegio donde debía asistir el personaje que acababa de obtener el cargo en una asamblea y la primera clase de cuarenta minutos frente al curso. Cada uno de los estudiantes-narradores fue jugando con el argumento y aportando elementos: se creó una escuela con su ubicación geográfica, historia institucional, población estudiantil y directivos con lineamientos particulares. Mientras tanto la docente debía interpretar su rol cumpliendo con las características que había redactado en la biografía ficticia. En cualquier momento era posible suspender la representación para que todos los participantes pudiéramos hacer acotaciones, aclaraciones o simplemente acordar o rectificar detalles. En esta primera sesión la clase inicial tuvo una serie de inconvenientes verosímiles que la protagonista debió sortear: la puesta en cuerpo delante del pizarrón, el uso de su voz, las preguntas de los estudiantes –interpretados por mi persona y sus compañeros-: ¿Quién es ud.? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a leer? ¿Por qué tenemos que leer eso? ¿Podemos hacer tal o cual cosa?; también atestiguó algunas conductas inapropiadas –uno se levantó para ir al baño y salió del aula- y las típicas rencillas entre compañeros cargadas de improperios. Además percibió que sus alumnos tenían dificultades para comprender el vocabulario y el registro empleado por la docente. El proceso de esta puesta en escena implicó a todos los participantes un esfuerzo considerable y un saludable ejercicio de improvisación que permitió concretar una práctica docente sin el grado de tensión que se hubiera dado en un marco real. De todas maneras hubo momentos complejos porque la estudiante-profesora visibilizó dudas concretas por medio de las preguntas de sus “alumnos” ficticios. Tales preguntas requerían respuestas concretas que si bien eran improvisadas –dada la naturaleza del juego propuesto- demandaban un conocimiento y una toma de posición consciente. Respecto a esta improvisación que es tan frecuente tanto en los juegos de rol como en la práctica docente Stephen Nachmanovicth (2013) señala que “A veces se piensa que en la improvisación podemos hacer cualquier cosa. […] La improvisación siempre tiene sus reglas, aunque no sean reglas a priori. Cuando somos totalmente fieles a nuestra individualidad, en realidad estamos siguiendo un diseño muy intrincado. Este tipo de libertad es precisamente lo opuesto a "cualquier cosa"” (2013:39). Esos primeros cuarenta minutos crearon una angustia deseable ya que le mostraron a la estudiante la experiencia -atenuada- de una práctica compleja atravesada por múltiples 217