Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 988

Hubo una fuerte presencia escénica”. Como se desprende de tales aportes, la reflexión sobre el ethos del argumentante pudo avanzar más allá que la de la actio en el contexto clásico. En relación a la argumentación propiamente dicha, en lugar de evaluar la oportunidad de los argumentos presentados, la valoración se refirió a la solidez de los argumentos, así como a la necesidad de rehuir las expresiones falaces e irrespetuosas. Llamó la atención del equipo docente, solamente, una única referencia a un modelo de debate que proponía la solución de una interacción irrespetuosa de los contraargumentantes en un contexto político. La enunciación fue cambiando en los escritos preparatorios notablemente: de ‘Mi opinión’, a la referencia a la obligación académica, ‘la opinión que tenía que defender’, en la mayor parte de los escritos finales se sostiene ‘la opinión a defender’, la ‘debatibilidad’ del tema. Los grupos que no lograron llevar adelanto todas las instancias del debate, terminaron con el reconocimiento de calidad de la argumentación menos aceptable para el grupo, dada la selección de un determinado cuerpo de argumentos por sus defensores. En este punto, el reconocimiento del propio fracaso sirvió para discutir los presupuestos invertidos en la selección, o su ausencia, para fortalecer la producción que sería objeto de la segunda secuencia de práctica. Además de la confianza puesta en los conocimientos básicos sobre los temas a debatir y de la resistencia de la planificación conjunta, la mayor dificultad estuvo en la “construcción inicial del oponente (ND)”. A pesar de que en todo momento se advirtió que se evaluaría la participación y no la adhesión a una posición, las dificultades del debate en sí –oponerse a otro, desde una posición que no siem974 Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas