Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 982

no sólo el reconocimiento de la dimensión argumentativa, sino la de desentrañar el complejo proceso de síntesis que vincula concepciones epistemológicas, lugares y tipos de argumentos. En dicho artículo, la propuesta de Dolz parte de la necesaria pregunta sobre qué poner primero, la lectura o la escritura. En nuestro contexto ha sido habitual el reconocimiento de la lectura en los recorridos iniciales para la reflexión sobre las prácticas discursivas; la escritura viene a resolver, como correlato de la primera, la reproducción de dichos modelos o la acreditación mecánica de ciertos saberes sobre las prácticas. Poco se aprovecha de las intuiciones de los/as estudiantes sobre los modos de hacer que reconoce en su comunidad hablante y, mucho menos, los de la interacción en ámbitos extraacadémicos. No parece, por tanto, extraño que los/as estudiantes vean las prácticas escolares como artificiales y se sientan invitados a una reproducción irreflexiva y acrítica cuando se les invita a escribir. De acuerdo con la recomendación del autor, “La lectura y la escritura son dos actividades que se apoyan la una sobre la otra” (Dolz: 66), por lo que las propuestas didácticas deberían alentar la consideración de ambas actividades de modo interrelacionado, tendencia que va estrechamente relacionada con la consideración de la diversidad textual y discursiva. Sostiene que la práctica de la escritura habilita la mayor comprensión de la tarea: la reposición de las condiciones de la interacción, elaborar el contenido temático, planificar globalmente, asegurar la cohesión, seleccionar el léxico adecuado, respetar las convenciones normativas, entre muchas otras habilidades. En ese marco, el autor recorta ciertas formas que habitualmente son asociadas a la iniciación a la escritura en los prime968 Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas