Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 98

Estos inconvenientes se deben a la presuposición que hay entre los docentes, quienes dan por hecho que los estudiantes aprendieron a leer y escribir en el nivel educativo anterior. Por otro lado, los docentes de las distintas áreas entienden a la lectura y la escritura como una tarea que debe aprenderse en las “horas” de Lengua, y, enfocados en este planteo sostienen concepciones distintas de las prácticas de escritura. En los otros espacios curriculares del Plan de Estudios, la escritura suele ser una herramienta que permite verificar o no la apropiación de los contenidos. Lo paradójico es que estos mismos docentes pretenden que sus alumnos escriban sin errores gramaticales, de ortografía, de sintaxis pero no está en ellos enseñarles cómo y por qué producir esos textos, y, a la vez, consideran a la escritura como un producto acabado y estático, y no como un proceso dinámico y cambiante que permite alcanzar una versión final del texto luego de haber pasado por la elaboración de varios borradores. Los docentes de otras áreas alegan que no es su tarea dedicarse a enseñar a escribir y corregir ese tipo de errores, ya que si lo hicie ran no podrían trabajar con los contenidos específicos de sus espacios curriculares; sólo unos pocos cuando corrigen los trabajos de los estudiantes consideran cuestiones generales de redacción (coherencia, pertinencia, etc.) La escritura es una dimensión no incluida en sus prácticas áulicas. En definitiva, los docentes de otras áreas no logran dimensionar el papel que tiene la misma en la adquisición y apropiación del conocimiento Por otro lado, se observa que, los chicos tampoco poseen hábitos lectores; casi nunca leen en casa y desde la familia casi no se potencia el gusto por la lectura. Contribuye también a esta situación el 84 Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas