Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 912
mientos por los que el ethos emerge y habla del enunciador en tanto
palabra dotada de autoridad y credibilidad. Así, el ethos efectivo,
surge en la frontera entre lo dicho y lo mostrado, territorio exclusivo de las figuras, las que, vinculadas por repetición o por ruptura
con estereotipos culturales, proveen al género los modos de anudar
sentimiento y razón.
El uso convencionalizado de ciertas figuras de la expresión, en el
caso de las comunicaciones que estamos analizando, responde, por un
lado, a las reglas que rigen estos intercambios, pero, también, al interés
que estas fórmulas revisten en cuanto formas vacías de emoción por su
alto grado de estereotipación. Así, respecto de los tres modos que la retórica aristotélica deslindaba, puede afirmarse que en la comunicación
administrativa y protocolar, predominan los procedimientos que ponen en primer plano al ethos, en la medida en que las características con
las que el enunciador se inscribe en su decir, son las que se fundan en lo
que Aristóteles designaba como eunoia200, es decir aquellos recursos que
favorecen un “buen decir”.
Esta particularidad del ethos es pobremente tributaria del logos y
del pathos. En todo caso, el efecto “pathémico” que puede reconstruirse a partir de las figuras de estilo propias de este tipo de comunicaciones, radica en los valores y creencias implícitas respecto de
los sentimientos que “deben” acompañar cada tipo de situación específica de comunicación. El efecto derivado del pathos es normativizado mediante fórmulas que ponen en escena una figura de
200
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Aristóteles menciona tres cualidades fundamentales sobre las que se
constituye el ethos del locutor: la phronesis (prudencia, experiencia, hombre racional), la eunoia (seducción, complicidad, benevolencia) y la arethé
(virtud, sencillez).
Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas