Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 911

La importancia atribuida a la persona del enunciador ha sido un aspecto esencial desde los tratados de retórica antiguos, que lo llamaron “ethos”, imagen de sí que el orador construye en su discurso para contribuir a la eficacia de su decir. Desde la tradición aristotélica, el ethos fue considerado uno de los tres modos o procedimientos en la argumentación junto con el logos (utilización de razonamientos) y el pathos (apelación a las emociones). Sin embargo es el ethos el responsable de la imagen del locutor. Las ciencias del lenguaje contemporáneas han resituado el ethos en los límites del discurso, ligado a la noción de enunciación, que Benveniste define como el acto por el cual un locutor moviliza la lengua198. Perelman en su Tratado de la argumentación, advirtió sobre la imposibilidad de separar de un todo las dos facultades (logos y pathos, razón y emoción) que para él, están vinculadas a la razón. Es decir que el elemento emocional se halla inscripto en el discurso directamente vinculado a la doxa del auditorio y los procedimientos racionales que buscan conseguir la adhesión. Así, Plantin 199 (1998) propone reconstruir el efecto “pathémico” de determinados tópicos, lugares comunes que se hallan culturalmente ligados a determinadas emociones. Las normas, los valores, las creencias implícitas, subyacen a las razones que suscitan el sentimiento. En este punto, es decir, en la relación entre las figuras del discurso (lugar de intersección de la dimensión intelectual y la dimensión emocional), y el género, es donde debemos hallar los procedi198 BENVENISTE, E., 1977, “El aparato formal de la enunciación”, en Problemas de lingüística general, Vol.II, Ed. Siglo XXI, Madrid 199 Citado por AMOSSY, R., 2006, “Le pathos ou le rôle des émotions dans l ´argumentation”, en L´argumentation dans le discours, Armand Colin, París. Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 897