Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 798

partir videos o ilustraciones —poner la fuente o link—, acceder a la bibliografía digitalizada, leerla en la pantalla y decidir qué imprimir, mirar y compartir archivos de Youtube, usar filtros de búsqueda para encontrar un autor o imágenes grandes, chatear con las compañeras dentro del AV. “¡A leer!” creció hasta constituir un espacio didáctico paralelo al presencial. Logramos, en términos de Cecilia Sagol, la configuración de un “aula aumentada” (Sagol 2013) que consiste en el uso de un espacio virtual complementario del espacio presencial por parte de los alumnos y los docentes, y en una propuesta de enseñanza que combina elementos de los dos entornos. Así, ampliamos los límites físicos de la clase, porque muchos intercambios en los que se amasaron otros modos de construir conocimientos sucedieron por fuera del espacio-tiempo compartidos en el edificio escolar176. El acceso a la tecnología y la apropiación de las prácticas Presentar el aula a las estudiantes se constituyó en una experiencia pedagógica novedosa. Para iniciarlas, los dos primeros años organizamos varias clases presenciales en la sala de informática de la escuela. Aquí es necesario aclarar que el plan Conectar Igualdad había distribuido netbooks entre los docentes del Nivel Terciario, aunque no entre las estudiantes, lo que nos colocó ante la dificultad de que muchas de ellas no contaban con una computadora en sus hogares. 176 Las presiones y la reticencia ante la tarea que se incrementaba también estuvieron presentes, pero no llegaron a opacar la alegría del descubrimiento en la gran mayoría de las estudiantes. Al respecto, el 85% de las estudiantes calificó de muy buena la experiencia de “¡A leer!” en 2014. 784 Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas