Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 455

En la segunda interacción observamos una situación distinta a la primera a pesar de que la configuración del tenor, en principio, parece coincidir: los participantes, cajera-cliente, no se conocen con lo cual la distancia social es alta y el poder se sitúa del lado del comprador que la sorprende distraída leyendo un libro. La intervención del cliente inicia la compra, aunque de un modo imprevisto: qué estás leyendo?(i). Esa primera cláusula convierte a la vendedora en el objeto del intercambio verbal. La cláusula, en modalidad interrogativa, se realiza a partir de una perífrasis verbal aspectual que indica la actividad en curso en la que se encuentra involucrada la cajera y cuyo auxiliar aparece en presente de indicativo, segunda persona singular, vos. Cláusulas en modalidad interrogativa son esperables en interacciones como las que analizamos, siempre y cuando la información solicitada tenga como asunto, precisamente, el ítem objeto de la transacción. Lejos de censurar por la distracción, la combinación de los recursos acorta, al menos circunstancialmente, la distancia entre los participantes: la pregunta construye interés por la actividad y la opción por el voseo toma valor sobre la base de la otra opción disponible en el sistema, usted – potencialmente habilitada por las variables +distancia, +poder y -afecto previas al intercambio – que el cliente descarta construyendo, así, empatía. No hay reproche: así lo atestiguan las sonrisas y el tono amable del comprador. La vendedora inmediatamente recupera su rol: no brinda la información solicitada (nada nada cláusula ii) y pide disculpas en la cláusula siguiente, aunque mantiene la opción por la segunda persona de confianza, vos, sosteniendo así la reciprocidad. Las disculpas son aceptadas explícitamente con la cláusula iv en la que se reInvestigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 441