Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Página 415
más específicamente, en la organización de la clase y, por ende, en
la definición de estrategias y actividades.
No obstante ello, si bien la guía se constituiría, en la mayoría de
los casos, en el eje de la intervención, el instrumento no sería asimilable a “la clase”, sino que ésta se configuraría a partir de estrategias
metodológicas que enmarcan la utilización de la guía, que la contextualizan pero también la superan, van más allá de ella. Así, las intervenciones, aunque condicionadas por la guía, pueden cobrar formas de propuesta singular a partir de las definiciones y decisiones
que el docente concreta, tal como lo muestra la variedad de estrategias utilizadas.
Por otro lado, es también importante resaltar que, a pesar de haber detectado la existencia de una secuencia repetitiva en el abordaje de la LC en LE, son los propios textos, entendidos como contenidos contextuales (Fijalkow, 2000; Dorronzoro, 2005), los que, en su
diversidad y especificidad, posibilitan al docente tomar decisiones
metodológicas diversas a la hora de abordarlos, ajustadas al tratamiento de dichas especificidades. De este modo, si bien el instrumento es el mismo, es decir, siempre se emplean guías y prioritariamente en la misma secuencia, cada instrumento plantea operaciones cognitivas y discursivas específicas en función de orientar la
comprensión de cada texto en particular.
Finalmente, desde el marco sociocultural en cuyos principios
nos sustentamos, resulta interesante destacar que la elaboración e
implementación de las guías, en tanto dispositivo que supone la
realización de operaciones del lenguaje, son instancias de mediación que facilitan la actividad constructora de sentido. De este
modo, las intervenciones docentes, a partir de la utilización de deInvestigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas
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