Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 311

cios del texto a su conciencia, y al hacerlo a su manera, se apropia también de la experiencia, lo cual contribuye a su proceso de crecimiento personal, a su relación con el otro y a la toma de conciencia de asuntos y perspectivas globales a los que no podemos escapar como individuos sociales y críticos de nuestro entorno. Ser crítico demanda un distanciamiento por parte del individuo que le permita desarrollar su capacidad de “autoobservarse observando”. Ahora bien, ¿cómo se logra esa mirada del texto desde una perspectiva diferente? Gee (1996) argumenta sobre la necesidad de acceder a múltiples discursos como un pre-requisito para poder someter al escrutinio a cualquier discurso, para generar el contexto para lo crítico. En cambio Luke plantea como esencial para que lo crítico tenga lugar que haya algún grado de “disociación” con respecto a los propios discursos; es decir, que se produzca una desnaturalización y una incomodidad donde “lo familiar se convierta en extraño”. Otros, como Cervetti, Damico y Pardeles (2001), sostienen que la literacidad crítica implica “un punto de vista difertente del texto” porque pone en primer plano cuestiones controversiales que están presentes en los discursos de circulación social. Así, un contexto de enseñanza-aprendizaje como el que intentamos plantear a nuestros alumnos avanzados del profesorado, que promueve el debate abierto y la reflexión de los textos analizados, posiciona tanto a estudiantes como a docentes en una condición mental que va más allá de lo meramente didáctico o del conocimiento formal-académico. Se pretende ayudar a desarrollar una conciencia crítica y un pensamiento independiente que constituyen la esencia de la educación global del ciudadano: “la literacidad crítica … apunta a proveer a los estudiantes de herramientas conceptuaInvestigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 297