Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 309

principalmente, en cómo las personas usan los textos y discursos para construir y negociar cuestiones de identidad, poder y capital (Luke, 2004: 21), de modo tal que los enfoques críticos han incluido el análisis político de los textos dominantes y sus campos sociales, la producción textual relacionada con identidades políticas y el análisis de los metalenguages para hablar de, criticar y reconstruir textos y discursos. En los años noventa, para la mayoría de los educadores del language y la literacidad, el término crítico hacía referencia a un orden más elevado de la comprensión lectora y a una sofisticada respuesta personal (personal response) a la literatura. Estas transformaciones obedecen a cambios fundamentales en el paradigma de la lectura, que nos han llevado desde una concepción tradicional de la misma como proceso meramente lingüístico (reading), a una de literacidad (literacy), que incluye los fenómenos discursivos y sociales que la informan en el análisis textual. Luke (2004: 26)¹ argumenta que la literacidad puede ser pensada en dos sentidos. Por un lado, como una actividad intelectual analítica, deconstructiva y textual; por el otro, como una forma políticamente encarnada de enojo, alienación y otredad. En ambos casos lo que está en juego es una “Otredad epistemológica y la doble cara del mundo”. Ambas corrientes reclaman una pedagogía de inclusión y acceso a los recursos de la tecnología letrada que, de manera un tanto idealista, llevaría a una redistribución del poder en la sociedad. Sin dudas, el segundo sentido que Luke atribuye a la literacidad crítica avanza hacia una concientización de los estudiantes marginales cuya voz se encuentra silenciada por las prácticas dominantes de los sistemas educativos, y el consecuente cambio social que resultará de dicho empoderamiento (Peterson, 2009; Shor, 1999). Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 295