Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 101

son profesores, y ambos saben leer. Pero leer ciencia no es lo mismo que leer literatura; y leer para disfrutar no es lo mismo que leer para elaborar y reorganizar el conocimiento. Entonces, formar en un ámbito disciplinar supone también enseñar a comunicarse de forma competente en dicho ámbito, tanto de forma oral como escrita. Muchas veces cuando los docentes seleccionan los materiales de lectura descuidan un punto importante, los destinatarios. Generalmente no tienen en cuenta que siempre se debe partir de los saberes previos de los alumnos (Cubo de Severino, 2005). Suele ocurrir que al utilizar materiales que fueron escritos para otros niveles se presenten problemas de comprensión, pero esta dificultad que observamos en los estudiantes no está asociada a sus capacidades del lector, sino a la selección que el docente hizo del texto. Esta es justamente una de las tareas más complicadas que tenemos como docentes, puesto que, cuando seleccionamos, lo que hacemos es evaluar en función de criterios propios, poniendo en juego también nuestra concepción de enseñanza-aprendizaje. Si uno sabe qué criterios tener en cuenta, podría evaluar la pertinencia o no del material seleccionado para trabajar en clase. La evaluación que el docente haga de los textos posibilitará anticipar dificultades o posibilidades de comprensión en los lectores estudiantes, y también podrá clarificar el tipo de actividades o tareas que resulten convenientes formular en función de los propósitos del espacio curricular y las características del texto en sí mismo. Incorporar estas acciones a nuestra práctica diaria, implica asumir que en el ámbito de la educación obligatoria, la lectura es objeto y contenido de todas las áreas, y no sólo instrumento de aprendizaje. Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 87