Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 839

cuenta de algunos de estos cambios curriculares que van legitimando y desterrando, a la vez, algunas formas de enseñar o aprender: Entrevistada: (…) después parecía una aberración hacer pasar a un alumno a decir una lección, cómo iba a ir adelante a decir una lección (risas). Pero los chicos pasaban y daban lección, daban lección de lo que fuera (…). No me voy a poner en contra de los que dicen que era una aberración que los alumnos pasaran a dar lección, pero aprendíamos; aprendíamos a hablar, aprendíamos a expresarnos, y después se terminó. ¡Cómo iba a pasar un alumno a dar lección, por Dios! (…) (…) No había una parte de la lengua que se llamara oralidad; no existía eso, pero si por oralidad entendemos que hablábamos con los alumnos, sí, hablábamos con los alumnos desde delante de la clase y dirigiéndonos a ellos. Eso es trabajar la oralidad también y eso lo hacíamos, y después estaba esto de pasar a dar la lección (…). Entrevistada: Ah, no estaba sistematizada (la oralidad), pero se trabajaba. Ahora, con el asunto de la sistematización, siempre podés llegar a caer en esto de las clasificaciones (…) No estaba sistematizada la oralidad pero hablábamos de lo que estábamos leyendo, de lo que habíamos estudiado, sin tenerlo programado como la ortografía o como el análisis o como la gramática. El discurso de esta docente está mostrando, entre otras cosas, la resistencia de la cultura escolar a erradicar la lección oral como instrumento de evaluación. Pero a la vez, está evidenciando algunos de los cambios vividos a lo largo de su profesión: como pasar a dar lección empezaba a ser considerado “un horror” desde lo pedagógico, debió adaptarse a las nuevas formas de evaluar o de abordar la enseñanza de la lengua y la literatura, y dentro de ella, del trabajo con la oralidad. Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 823