Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 834

die se movía, pero no es que no te movías porque tenías miedo o porque te pudieran retar; no te movías porque estaba interesantísimo. Estos testimonios muestran por un lado, la identificación de la función de la escuela como “transmisión de conocimientos”; por el otro, reflejan cuál es la visión que los entrevistados tienen de lo que se consideraba en ese momento un buen profesor: el que posee muchos conocimientos y los sabe transmitir. Además, esa admiración ejercida hacia los profesores por la forma en que hablan y sus saberes, está dada por un tipo de clase en la que el profesor se luce, la clase expositiva (o la clase formal de Walker y Adelman), que deja a todos maravillados por lo interesante que es escucharlo - debido a su caudal de conocimiento-, o verlo manejar los instrumentos de la clase: Era cartógrafa, (…) ella nunca llevó un mapa a la clase; tomaba la tiza y lo dibujaba, dibujaba todos los accidentes geográficos sin ningún problema y exigía que uno hiciera lo mismo y no lo podíamos hacer (…) La profesora era arquitecta, nos enseñaba geometría (…); ella agarraba la tiza, apoyaba el codo en el pizarrón y hacía la circunferencia perfecta (E 1). En el diálogo con los alumnos adolescentes, de entre 14 y 16 años, al preguntarles qué requisitos debía tener un docente para ser considerado un buen profesor (o, entre sus profesores, quién consideraban que lo era), dijeron: Leandro: La profesora de historia. Una, porque explica, te da un minuto para descansar, explica bien, te dicta y te explica. Nos da tarea, las pruebas no son tan seguidas y nos toma cosas importantes. Gonzalo: Yo creo que un buen profesor sería el que te deja claras las cosas y no te sofoca de información. Te explica, te da cinco minutos para relajarte un poco de toda la información (…) y después lo copiás para que lo tengas. 818 Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas