Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 759

discursivos– son apreciaciones sobre el tamaño inmenso del pene de Panizo –así evaluado subjetivamente con fuerza epistémica–, que provoca, ante todo en el testigo y, según él mismo, también en el común de la gente, un asombro y una admiración extremos –reacciones de fuerza apreciativa–. El resultado es que frente a la descripción objetiva requierida, el discurso del testigo se confunde con las charlas propias de la barra del club, donde “se habla al divino botón”, lo cual lo vuelve, a pesar suyo, un “macaneador”. También es apreciativa la fuerza modal predominante en el último párrafo del cuento en la escena de la mutilación de Miguel, de manifiesto patetismo: “Cuando revivo esa escena le juro, señor juez, que me recorre la comuna vertebral un estremecimiento de arriba abajo. Fue un solo tajo, señor juez, un machetazo seco sobre la mesa... Mire... El aparato de Miguelito era una víbora, un brazo mutilado retorciéndose sobre la mesa. No quiero abundar en detalles porque veo en los rostros transfigurados de todos ustedes... el mismo espanto que sentí yo... Pobre Miguel...”. La F entre epistémica y apreciativa se marca por medio de demostrativos con valor de deixis secundaria también en las referencias a los enanos –apreciados negativamente como raros o sospechosos por el testigo: “Pero este enano, señores del jurado, Sosa se llamaba”; “ellos también conocen la fama de estos enanos”–; mientras que de su amigo Panizo habla en un tono afectivamente positivo: como si dijera “Ese buen muchacho que lamentablemente no puede estar aquí porque está lastimado” –de hecho, con fórmulas parecidas se evoca a los muertos–: “lo que tenía ese muchacho entre las piernas”; o “ese muchacho podía haberse ganado la vida muy fácilmente trabajando en el Tihany”. Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 743