Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 756
nes están mechadas de acotaciones valorativas que apuntan a cómo
tendrían que ser las cosas y a qué le gusta o no al testigo. En un tercer
movimiento, tenemos al juez haciendo el esfuerzo por reencauzarlo
hacia la descripción, cortándole cada una de sus digresiones, a través
de enunciados con D = ↑, prescriptiva, del mundo hacia el enunciado, bajo la forma de órdenes elípticas.
En busca del contenido que toman las F –seis en total en este
modelo: alética, epistémica, apreciativa, axiológica, bulética y deóntica– que repercuten más decisivamente sobre el sentido global del
cuento, emulando una escena didáctica, podríamos comenzar preguntando:
1. ¿qué forma principal toma aquí la modalidad bulética, es decir, lo que se manifiesta como lo que quiere un sujeto? Probablemente, la respuesta apunte a que el testigo se muestra
muy consciente de lo que quiere en su situación y reitera su
deseo de colaborar en el juicio. Pero enseguida surgen las conexiones con las otras F, porque esta colaboración implica,
2. en cuanto a la fuerza deóntica, cumplir su deber como testigo,
que es lo que le impone la institución judicial y algo que él
se propone lograr, y consiste en respetar sus dos reglas cardinales: la de veracidad (según el precepto jurídico, “decir la
verdad”) y la de pertinencia, que impone no irse por las ramas (“y nada más que la verdad”): en la voz del testigo,
“quiero recordarles que yo he jurado decir solamente, la verdad”.
Buena parte de los efectos humorísticos del cuento residen
en la insistencia del testigo en procurar “ser concreto y lo
más breve posible”: nada más absurdo que su “Iré al gran o”,
en el comienzo mismo del testimonio, cuando siguen pági740
Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas