Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 754
cuento. ¿En qué aspecto interesa en este texto primero la realidad
como base de validación? Claramente, la instancia de la realidad objetiva es la que requerirían que predomine el juez y el jurado en el
juicio: sin embargo, sucede que el testigo no logra refrenar su subjetividad individual como I, que impregna todos sus juicios. Son excepcionales en el cuento enunciados con I objetiva, como cuando se
afirma que “Miguel siempre trabajó en el Almacén de don Isidro, a
la vuelta del club Calzada”. Lo más común es encontrar los datos validados con excesivo énfasis: por ejemplo, “yo he visto varias mujeres, incluso digo más, muchas de ellas ‘señoras’, ‘señoras respetables’, venir al club a la hora en que ellas sabían que nos reuníamos
los muchachos, para verlo al Miguel. Y le buscaban la conversación,
le ‘daban calce’, como dicen los muchachos”. Los datos están; tal vez
la declaración mínimamente se verifique, pero la subjetividad individual irrumpe incesantemente. Las I institucionales, fundamentales
en esta historia, la encarnan los magistrados del juicio, que exigen
datos para tomar sus decisiones. Pero los “oímos” indirectamente, a
través del único discurso disponible: el del testigo. Como reglamentariamente no pueden tomar la palabra, el narrador continuamente
interpreta las miradas del jurado y les atribuye reacciones, siempre
de incomprensión o de escándalo, frente a su testimonio: “veo entre
los presentes rostros algo dubitativos...”; “veo... bueno... rostros un
tanto ruborizados”. Respecto del juez, el testigo responde directamente a sus instrucciones, elípticas en el cuento: por ejemplo, “Ya
sé, ya sé, señor juez, perdóneme. Iré al grano”, donde recuperamos
un juicio institucional del tipo “No se vaya de tema: vaya al grano”.
El juez llegaría a aportar las palabras que requiere la descripción objetiva cuando el testigo no las encuentra: “era famoso por el... diga738
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