Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 752
ción ficcional, como narrador testigo, y testigo jurídicamente,
en la diégesis, como actante en la historia, pues se lo figura
compareciendo como tal frente a un tribunal. En este juicio,
la historia en primer plano, el testigo testimonia, el juez parece interrumpirlo con frecuencia para reprimir sus permanentes digresiones, y se registran las reacciones del juez y
del jurado –vistas desde la perspectiva y la voz del testigo–.
En lo testimoniado, historia en segundo plano, tampoco pasa
demasiado: Miguel Panizo, amigo del testigo, ostenta un
pene inmenso que impresiona a los varones y las mujeres
del barrio, y lo conduce a intervenir en competencias de tamaños, en una de las cuales un contrincante lo castra de un
machetazo.
2. Un testigo que debe referir datos objetivos en un juicio sólo
puede desplegar efusivamente su afectividad subjetiva. Al narrador, las dimensiones del pene de Miguel le provocan tal
estupor que por más que quiera no puede, como debería hacerlo de acuerdo con lo que impone este contexto institucional,
ni decir la verdad, ni decir nada más que la verdad, enmarañados
como quedan los hechos por las apreciaciones hiperbólicas del
narrador.
3. Los acontecimientos que son objeto del juicio le exigen al
testigo tocar cuestiones tabú, que, a su vez, lo llevan a usar
un vocabulario soez, algo que lo atormenta: ¿cómo puede
hablar un muchacho de barrio, en una circunstancia formal
y circunspecta, con “buenas palabras” acerca de este referente extraordinario, que sólo puede describirse a través de
“palabras non sanctas”?
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Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas