Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 751
en la que se detecte un “puedo” por aquí, un “debe” por allá y algunos “subjetivemas” sueltos, como representantes de las realizaciones modales más típicas. Resultaría bastante más provechoso apoyarnos en el postulado, aparentemente simple, pero rico en consecuencias, del enunciativista É. Benveniste (1967, 1969), según el cual
“no es una suma de signos la que produce el sentido; es, por el contrario, el sentido concebido globalmente, el que se realiza y se divide en signos particulares, que son las palabras” (1969: 67s). Para Benveniste, la significancia semántica es el sentido que surge del discurso, el cual no emerge sólo composicionalmente de la suma de los significados individuales de cada uno de los signos que intervengan, como
significado semiótico, propiedad de la lengua, sino también de una
intención comunicativa, primera y básica, que es resultado de una
determinada enunciación, donde los sentidos resultan de estructuraciones globales de palabras en la totalidad del texto.
Entonces, rastrearíamos el valor general y específico del componente modal en nuestro cuento a partir de esta pregunta básica:
¿cómo podemos sintetizar su sentido global, en la medida en que nos
lo permitan las significaciones que se fugan, la polisemia de sus términos y sus construcciones, la complejidad de sus condicionamientos discursivos generales, etc.? Una vez bosquejada una respuesta,
podremos preguntarnos, en un segundo momento, cómo contribuyen
las modalidades a construir ese sentido.
El cuento de Fontanarrosa, rotundamente humorístico, nutre su
potencialidad semántica al desarrollar una serie de paradojas, los
verdaderos nudos conflictivos en este relato:
1. leemos un cuento que no cuenta nada. El relato pone en escena
un narrador doblemente testigo: en el plano de la enunciaInvestigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas
735