Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 725

gua/escritura que genera un funcionamiento discursivo’. No se trata de una diferencia de nominación sino de una radical distinción en la consideración del problema y encierra consecuencias respecto del valor que se le atribuye en cada caso a la interacción. En primer lugar, si decimos que para el IE de lo que se trata es de una ‘instancia de captura que genera un funcionamiento discursivo’ es para enfatizar que aquí se pone en cuestionamiento las nociones de desarrollo y aprendizaje: “Es esta concepción de sujeto hablante que invoco para tratar la adquisición del lenguaje como un proceso de subjetivación, en oposición a la noción de desarrollo” (Lemos, 1999: 2000). Es decir, por un lado, se niega una visión centrada en un proceso de cambios graduales por parte del sujeto respecto del conocimiento del objeto –hay desarrollo posible–, pero también se cuestiona que haya una incorporación efectiva de conocimiento por parte de un sujeto en virtud de la intervención voluntaria de otro – no habría tampoco un aprendizaje–. Esto tiene dos implicaciones. En primer lugar, el rechazar la idea de desarrollo porque tanto en la oralidad como escritura no hay gradualidad sino tensión entre las tres posiciones relativas al funcionamiento discursivo del sujeto (que nunca interioriza al objeto), trae aparejada la imposibilidad no sólo de establecer predicción alguna sino también de proponer un control de las variables en juego dentro de esta dinámica, ya sea en una investigación como dentro de un eventual proyecto educativo. Aunque Desinano compruebe su hipótesis de que desde la lectura del IE pareciera haber una ‘constante en el funcionamiento discursivo’ en todas las instancias en que se le presente al sujeto un tipo de discurso o lenguaje por él desconocido, y que obedece al paso por las tres posiciones, esta constante supone, aunque no una arbitrariedad, sí Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 709