Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 722
que se trata es de una diferencia de enfoque y, por tanto, de un distinto
modo de abordar los datos que nos posibilita centrarnos en los aspectos
más privativos e idiosincráticos del sujeto, o bien en lo que comparte
con un grupo de socialización.
Según nuestro criterio, de esta última lectura –la del ISD– se
desprenden más significativas proyecciones de investigación, en
tanto permite establecer un orden de generalización mayor y, en
consecuencia, provee más sólidas herramientas de intervención
(volveremos sobre esto). Por otro lado, atender a la dimensión social de la subjetividad y a la manera en que esto supone una matriz
de organización y diferencia en el lenguaje y, especialmente, en la
escritura, es fundamental para establecer una comprensión adecuada de las problemáticas que se suscitan en contextos de desigualdad social y así, eventualmente, poder proponer proyectos
orientados a la transformación: “Admitir que la educación, la sociedad
y la cultura juegan efectivamente un papel en el cambio lingüístico, supone,
para los investigadores, el desafío de dar cuenta de la incidencia de las diferencias sociales en el lenguaje” (Cárdenas, 2013: 274)
Por otro lado, como postula Bronckart (2004), el ISD parte de la
premisa vygotskiana de que es la apropiación e interiorización por
parte del niño de las unidades de significación de la lengua (a lo que
le agrega: unidades siempre concretizadas en enunciados genéricos) lo que acarrea la discretización y desdoblamiento del funcionamiento psíquico, fundamentales para el pensamiento consciente.
Por tanto, y dado que para esta lectura el lenguaje es una actividad
social e ideológica97: “los procesos de socialización y los procesos de indi97
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Cfr. Voloshinov (1929).
Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas