Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Page 615

es no enseñar literatura como un mero repositorio de conocimientos o recursos técnicos, sino enseñar a “leer literatura” (Colomer, 2005), considerando la experiencia y potencial del lector, y otorgando mayor espacio a prácticas auténticas de lectura en función de la multiplicidad de significados que surgen en él (Bombini, 2005, 2006; Cuesta 2001, 2003, 2006). Ello implica leer el signo literario como un discurso transgresor a partir del cual se levantan, construyen y crean tramas complejas de acuerdo a sus propiedades estéticas inherentes: su lengua metafórica, simbólica y plural; lenguaje sugerente que no revela, sino que ofrece vacíos para ser reconstruidos por el lector, el predominio de la forma –función poética– que permite la apertura de la connotación, y el extrañamiento, esto es la desautomatización de la mirada a través de procesos de lectura complejos, prolongados –profundos, detenidos– y reflexivos (Selden 1993, Aguiar e Silva, 1975) lo que, en síntesis, amplía nuestra percepción de la realidad permitiéndonos comprenderla desde otra perspectiva, menos funcional y pragmática que la expresada por el lenguaje no literario. Algunas de las propuestas metodológicas levantadas por este enfoque, cuyos lineamientos teórico-didácticos están aún en desarrollo, corresponden a la implementación de talleres literarios focalizados en procesos lectores; ejercicios de lectura con textos en mano para volver a ellos cuantas veces se requiera en busca de sentidos, pistas o señales; prácticas reales de lectura efectuadas en el aula, evitando destinar esta tarea sólo al espacio domiciliario; búsqueda de miradas o vueltas de tuerca en torno a los significados; prácticas sociales de lectura en voz alta, dando espacio a comentarios libres y orientados en torno al texto; anulación de una lectura correcta y Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 599