Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 1 | Página 514
acababa de fundarse, sino también un espacio curricular inédito
que requería de un proceso de experimentación.
Comenzamos, de hecho, trabajando con diversidad de textos de
circulación social (que, por principio, exceptuaban a la literatura o
simplemente la reconvertían en un tipo más), luego nos fuimos corriendo hacia los géneros académicos (también conforme a una corriente que se imponía), y finalmente el tiempo y la experiencia nos
dieron coraje para desobedecer del todo, de modo que fuimos dando lugar en el taller, hoy redenominado, a la experiencia personal
de lectura de ficción, sobre la base de conceptos fundamentales de la
narratología orientados a la experiencia de leer como escritores.
En rigor, fue un golpe de timón en el desafío de atrevernos a
pensar que la cosa puede ser al revés: es en la lectura literaria donde
se aprende a leer. Todo ello en el espacio de contención de la comunidad de lectores en que se convierte el grupo-taller, donde se busca
la potencialización de la lectura propia a partir de algunas puntas
por donde comenzar a explorar lo que el texto me dice –nos dice–
nos sustrae y nos entrega, en los contextos culturales personales y
colectivos desde donde leemos.
Y de ello devino la escritura de ficción. Primero como propuestas
de recreación de la propia lectura, y luego como ejercicio de asumir
la palabra desde el sujeto que escribe en primera persona o desde la
primera persona.
Sabíamos que tenía que ser una propuesta convocante que pudiera despertar o conducir en los alumnos el deseo hacia la escritura,
y nunca provocar ese desánimo propio de la sensación de “no tener
suficiente talento” o “creatividad” o “imaginación”. De hecho, hemos escuchado muchas veces esas expresiones en las aulas, como
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Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas